La Educación Física y afines deben ser espacios docentes seguros.

Cada vez que se conoce un caso de abuso sexual en el sector educativo, hay una reacción de rechazo casi que absoluta (casi, porque, increíblemente, hay gente que busca justificar este tipo de actos). En mi caso, suelo sumarme a esa ola de indignación, rabia e incomprensión sobre un acto tan bajo y putrefacto. Especialmente y, como Profesional en Ciencias del Deporte, cuando el caso tiene que ver con algún profesional de Educación Física o desde cualquier campo de mi gremio profesional y que es sindicado(a) como abusador(a), quisiera que el infierno de verdad existiera y esas personas lo vivieran de inmediato.

La Educación Física, el deporte, el fitness, la recreación y demás esferas que giran entorno a la actividad física, son consideradas fundamentales en la vida de los individuos y, especialmente, la primera y la segunda, que son clave en la etapa escolar. A través de estas áreas en ese momento de la vida de las personas, se logra que los(as) estudiantes vivan experiencias significativas y que tengan como fin la diversión, la alegría y el goce. Todo esto por medio del desarrollo de varias tareas enfocadas de acuerdo con el desarrollo psicomotor, de habilidades de distintos tipos y de capacidades físicas, acorde a cada etapa de la escolaridad. Los(as) docentes de este gremio tenemos una puerta enorme abierta siempre en una comunidad educativa, en cuanto que somos los del movimiento y los que, a través de este, hacemos que la rutina escolar sea más divertida por tener inmerso el juego y la lúdica en nuestro desarrollo pedagógico. Tenemos altas chances de ser un espacio escolar que genere alegría a los(as) estudiantes.

Esto de alguna manera conlleva a que tengamos relaciones y vínculos con estudiantes de forma menos estructurada y formal que las relaciones que suelen darse en un salón de clase. Esa dinámica es algo maravilloso de la labor docente en nuestro campo y, es también, tan bonito como delicado y de una responsabilidad enorme.

Porqué hay un alto nivel de responsabilidad en espacios de Educación Física y demás.

Esta tiene que ver con tener el tacto y la sabiduría adecuada para manejar la cercanía y confianza que suele darse en el diálogo con estudiantes y deportistas, sin cruzar la línea de convertirnos en pares de nuestros(as) dirigidos(as). Es este un punto neurálgico donde, lamentablemente, florece —o marchita— un error histórico del gremio; uno en donde se confunden esas cercanías de diálogo y confianza, con exceso de la última e incluso puede llegar a mutar en situaciones de distintos tipos de abuso.

Nosotros(as) trabajamos con el movimiento a través del cuerpo y la mente. Tenemos acceso a un escenario al que llamo “puesta en escena”, en donde debemos y podemos apreciar las distintas formas y expresiones corporales de los(as) estudiantes, a través del desarrollo de las actividades propuestas para una clase, un entrenamiento o una competencia, y que suelen tener una alta carga emocional. Ahí vemos como todos(as) los(as) estudiantes son seres completamente diferentes, a través de tareas y retos que pueden ser simples y también complejos.

Por ejemplo, para aterrizarlo un poco, en una actividad en donde todos(as) los(as) estudiantes de un grupo deben realizar una carrera a máxima velocidad en un tramo de 30 metros, los(as) docentes nos hemos formado para tener la capacidad de apreciar la calidad técnica de la carrera de cada estudiante (la forma en que bracea, como realiza las zancadas, la frecuencia de estas, la velocidad a la que realiza el recorrido completo y el estilo con el que cada persona se desenvuelve atendiendo a esa indicación, entre otros factores). Más allá de lo técnico, esto es algo sumamente íntimo, por más que lo realicemos en un patio central, una cancha o cualquier escenario en el que pueda estar expuesta la actividad a los ojos de cualquier miembro de la comunidad educativa. La diversidad que ofrece un grupo de individuos en formas corporales, autoestima y demás componentes que son parte de la identidad de los miembros de ese grupo están expuestos todo el tiempo en estos escenarios.

En esa misma carrera de 30 metros también tenemos la capacidad de ver cómo se desenvuelven todas los(as) chicos(as) desde sus realidades: los(as) altos, los(as) bajos, los(as) longilíneos, los(as) de formas redondas, los(as) fuertes, los(as) que están en los patrones hegemónicos de belleza, los(as) que no, etc. Y ni hablar de las experiencias previas con las que llega cada estudiante a la clase, entrenamiento o competencia, que pueden ser tan diversas que, considero, da hasta para escribir solo una entrada para abordar ese tema.

Esa puesta en escena, la historia con la que cada estudiante llega a estos espacios y el nivel de riqueza técnica, de talento, teniendo en cuenta el estilo docente con el que un maestro desarrolle sus encuentros pedagógicos, darán cuenta del tipo de relación que quién enseña establecerá con sus dirigidos(as). La forma en que el(la) docente desarrolle este tipo de estrategias, marcará significativamente el día a día con los(as) estudiantes.

Por esta y un millón de razones más, el(la) docente y/o entrenador(a) debe entender que su responsabilidad es aun mayor siempre, porque está a cargo de un espacio en el que sus estudiantes se exponen constantemente; es decir: tenemos acceso a un espacio que, si bien está expuesto al público, es también muy íntimo y de total respeto.

Las necesidades básicas de las clases de Educación Física, entrenamientos y competencias deportivas que no deben ser más que eso.

Existen necesidades ergonómicas básica para estos espacios de usar ropa diferente – y que suele ser más ligera que la habitual-. La ergonomía es uno de esos componentes que se suma a que una clase de Educación Física y cualquier espacio dirigido de actividad física, sea de mucha confianza. Justamente, bajo esta como pilar es que los(as) docentes tenemos la responsabilidad de entender que hay que ser muy cuidadosos con las palabras, las miradas y el lenguaje no verbal en general, en función de la diversidad y la variedad de formas y actitudes que comprenden un grupo conformado por distintas personas. Siempre habrá quienes se sientan cómodos(as) usando una pantaloneta o leggins cortos y también, a quienes les cueste hacerlo. Ahí el(la) estudiante está poniendo toda su confianza en el(la) docente, de forma noble y abierta, creyendo incuestionablemente en el profesionalismo docente, muchas veces en contra de su voluntad y ciñéndose al cumplimiento de un reglamento escolar.

Sin embargo y, entrando en las lamentables aguas turbias de hechos recientes (1), cuando el rol docente cruza esa línea de ver más allá de lo que le corresponde, la confianza se quiebra y el ambiente se enrarece. Si el(la) docente tiene una mirada morbosa sobre un estiramiento, si el (la) docente tiene contacto corporal no consentido, si el(la) docente emite algún tipo de juicio sobre el cuerpo de los estudiantes y el estilo de movimiento de este, si el(la) docente se vuelve enjuiciador(a) y no es retroalimentador(a), con certeza, la confianza y la libertad con la que los(as) dirigidos(as) deberían tener su puesta en escena, estarán en duda y el espacio se volverá un espacio inseguro y de riesgo absoluto para quienes asisten a cualquier tipo de actividad con ese(as) docente.

Concordando con Juliana Martínez de Sentiido (2), si el(la) docente no entiende que cuando se trabaja con menores de edad las responsabilidades se multiplican, definitivamente, no es alguien que tenga idoneidad para estar a cargo de procesos formativos de este grupo poblacional, así de sencillo. Serán fundamentales todas las esferas de la comunidad educativa para conocer y determinar si los espacios educativos -en general- están a cargo de personas idóneas o no.

Los programas académicos que forman docentes y entrenadores(as) deben involucrarse de forma estructurada y contundente.

Sobre esas líneas que no debemos cruzar y porqué no se debe, quizás no se nos haya hablado mucho en los programas de pregrado de Educación Física, Ciencias del Deporte, Cultura Física y demás. O no lo suficiente. Es de suma importancia abordar estas temáticas e ir mucho más allá de mencionar que es delito involucrarse con menores de edad, dado que eso lo sabe cualquier persona que tenga un rol activo en una sociedad y desde cualquier frente. Hago referencia a la ética del cuidado y al enfoque de género. Esto, sobre todo, en un marco en el que venimos de décadas de enseñanza con prácticas machistas y maltratadoras, completamente normalizadas en la Educación Física y demás afines. Son necesarias estas reflexiones profundas en un ámbito de formación profesional, para conocer a fondo una realidad histórica y también, poner en contexto sobre a lo que se enfrentarán los profesionales cuando sean egresados y tengan personas a cargo.

El(la) docente debe estar en la capacidad de estar por encima de cualquier tipo de exposición corporal de sus dirigidos(as) a través de la ropa deportiva que se usa en la práctica de su clase y de cualquier tipo de adulación de sus estudiantes, por ejemplo. Es un(a) profesional mayor de edad, con formación en enseñanza y que, en ese sentido, debe estar preparado(a) para ignorar y saber sortear cada tipo de situación, siguiendo los parámetros que marca la legislación de cada país y, de forma imperante, la línea pedagógica que marca el camino del Manual de Convivencia de un colegio —o el Código Disciplinario de un club deportivo o federación deportiva—.

Tendrá que tener claro que no hay espacio para opinar sobre la abundancia o carencia de alguna parte del cuerpo de un(a) dirigido(a), que no hay espacio para opinar sobre lo estético o antiestético de un dirigido(a), que no hay espacio para el contacto físico innecesario y sin consentimiento (de hecho, un docente no tiene porqué tener contacto físico con sus dirigidos(as) en medio del desarrollo de sus actividades), que no hay espacio para reforzar prejuicios de género en donde alguno(a) es más débil o más fuerte que otro(a), que no hay espacio para tampoco reforzar prejuicios sobre la orientación sexual de los(as) dirigidos(as), que no hay espacio para estigmatizar y tener un trato diferenciado en el desarrollo de la clase, en función del origen, nacionalidad, nivel de desempeño en clase, etc., que no hay espacio para el maltrato físico ni psicológico y, sobre todo, por favor, y como invitación de colega: que no hay espacio para el silencio y la complicidad frente a conductas indebidas en nuestro entorno.

No puede haber tolerancia con individuos como Didier Luna (3), Larry Nassar (4), Giovanny Vega Blanco (5), Mauricio Zambrano (6) y cualquier impresentable que aun esté actuando impunemente en distintos establecimientos educativos y deportivos del país (y del mundo entero). ¡No más con estos impresentables!

Del pasado tenemos que aprender y no repetir errores.

Puedo afirmar hoy con mucho asombro que, haciendo una retrospectiva de las dinámicas que tuve como estudiante de colegio privado en Bogotá, sé perfectamente de docentes de Educación Física que, bajo su posición de poder, tuvieron relaciones indebidas con estudiantes menores de edad. Lo asombroso es que en ese momento ninguno de nosotros(as), los(as) escolares en ese momento, vio esto con la gravedad necesaria como para haber hecho un llamado a instancias superiores sobre lo que sucedía en nuestra cotidianidad. Hoy en día, aun con todas las precariedades que puede haber entorno al conocimiento de estos temas por parte de los distintos actores de una comunidad educativa, todo ha cambiado desde distintos frentes y, con certeza, socialmente es inconcebible que esos escenarios se den y sean parte de conductas normales de un ámbito educativo.

El punto fundamental en la escolaridad, más allá de otros temas complejos (como las relaciones de poder que ejerce un(a) docente con sus dirigidos), es el momento de desarrollo psicoemocional de los(as) escolares y que está determinado por algo que legalmente se llama la menoría de edad. Punto.

Hago un llamado a la reflexión, a entender la responsabilidad que tenemos con nuestros(as) niños(as) y jóvenes, no solo en términos del cuidado operativo de las actividades propuestas en una sesión de clase, entrenamiento o competencia. Esto es algo que, afortunadamente, cada vez mejora en nuestro ámbito y los(as) dirigidos(as) pueden notar con tranquilidad en las clases de Educación Física, entrenamientos deportivos o actividades recreativas, que son mejor planeadas y con actividades que cuentan con un balance entre el reto y el cuidado de quienes las ejecutan.

Sin embargo, esto no es suficiente: el cuidado debe extenderse a las formas, reitero; a lo que decimos, a cómo lo decimos, a cómo nos comunicamos dentro del aula y fuera de ella; a entender que cada palabra que se use, cada mirada y cada expresión del cuerpo, siempre tendrán una repercusión en mis dirigidos(as).

Nosotros(as) somos un área tan particular que, sin ser conscientes de esto, estamos en la mitad de una línea trazada en la que en los extremos están las Ciencias Biológicas y las Ciencias Sociales y Humanas, dos campos que históricamente han reñido y que, si bien han tenido acercamientos interdisciplinares en las últimas décadas, aún tienen puntos de desencuentro muy marcados entre sus diferentes paradigmas sobre temas en común. La Educación Física, el deporte, el fitness, la recreación y la actividad física en general, están, aun sin ser mencionado por el gremio, generando un diálogo constante entre esos dos grandes campos. Históricamente nos hemos acercado tímidamente más a las Ciencias Biológicas, pero cada vez es más necesario dejar la timidez e involucrarnos con la evidencia científica de forma más agresiva, así como con los distintos planteamientos que se realizan y están sobre la mesa desde las Ciencias Humanas y Sociales hoy en día. Esto, sin duda alguna, enriquecerá la labor docente desde todo punto de vista: metodológico, pedagógico, comunicacional y, con certeza, emocional. Para esto debemos asumir compromisos que son exigidos por las dinámicas del mundo en el que estamos hoy y entender que todo cambió.

Por favor: no podemos tolerar desde nuestros entornos un solo abuso más de niños(as) y jóvenes. Es nuestra responsabilidad tener la entereza para señalar estos comportamientos inadecuados, según lo que establece la ley y los conductos de cada institución en la que nos desenvolvemos. También tenemos la responsabilidad de garantizar que cada espacio que nos compete sea un espacio incluyente, diverso y en el que la alegría y la diversión sean componentes transversales, a través de espacios seguros para nuestros(as) dirigidos(as).

1 y 2. El caso Marymount: no fue solo un profesor | Sentiido

3. Confirman condena a Didier Luna tras denuncias de acoso sexual (publimetro.co)

4. Larry Nassar: Condena de 40 a 175 años de cárcel para el médico que abusó de las gimnastas de EE UU | Deportes | EL PAÍS (elpais.com)

5. Bucaramanga Abuso Sexual Mujeres Liga de Atletismo: Anuncian inspección a Liga de Atletismo de Santander | Bucaramanga | Actualidad | Caracol Radio

6. Fiscalía abre investigación contra docente del Marymount señalado de acoso y abuso sexual (elcolombiano.com)


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Jhon Mario Ramírez: la segunda oportunidad que nunca fue.

La única certeza que tenemos todos es que, tarde o temprano, la muerte nos tocará, queramos o no (daaah). Vamos por la vida andando, proyectándonos y pensando en qué haremos mañana, pasado mañana, en unos meses o en unos años. Con entusiasmo, dudas o con escepticismo, pero, al menos la gran mayoría, andamos en esa dinámica de empuje en la que la vida nos pone sin preguntarnos si la aceptamos o no: simplemente es así. En medio de ese trote -porque es eso-, ella nos va poniendo situaciones y personas que nos favorecen, nos enrarecen o nos mantienen esas proyecciones. Esto, en medio de un azar absoluto y que, desde donde me paro para intentar entender las cosas de la vida, considero que él, el azar, puede ser modificado por algunos pocos que contamos con ciertas condiciones básicas que todos, absolutamente todos los seres humanos del planeta, deberíamos tener garantizadas: un hogar, acceso a salud, acceso a educación, alimentación garantizada y, esta la incluyo yo, la lúdica en la vida de todos.

Quiénes no cuentan con estas condiciones, tienen que labrar un camino más complejo y, muchas veces, doloroso. Esa es la realidad de un significativo y vergonzoso amplio número de personas en el mundo entero (1). Cuando esa es la realidad, las oportunidades escasean bastante. Parecen ser un mito. Cuando aparecen, algunos están preparados para aprovecharlas y otros, no tanto.

Aquí es donde solemos ser implacables para, con juicios, destruir a aquellos que no tienen la capacidad, las aptitudes, ni lo volitivo, para aprovechar esos salvavidas que tira la vida. Esos tiranos y dueños del juicio solemos ser, en parte, quienes tuvimos condiciones favorables desde la infancia, siempre listos a juzgar con total fuerza la conducta de esos que, contrario a nuestra realidad, no las han tenido y que, como consecuencia de esto, no actúan como se supone que dicta el «deber ser». Nuestro «debe ser» desde el sillón y con la panza llena.

John Mario Ramírez (JMR), ex-futbolista profesional bogotano, coach espiritual y entrenador, fue uno de muchos ejemplos de quienes fueron avasallados por el peso de las oportunidades maravillosas de salir de condiciones complejas. El peso incomprensible para muchos de poder tener acceso a una vida «soñada». Una carga que solo conocen quienes la viven, aún cuando todos desde afuera, por supuesto, solo vemos oportunidades que «no pueden ser desperdiciadas» y vivimos convencidos de que la vida de estas personas tiene una pluma que acaricia todo su cuerpo 24/7. Hoy, con conocimiento de causa y habiendo sido uno de esos implacables tildadores de los deportistas que no pudieron tender ese puente entre la fama y la disciplina, tan necesaria para una vida deportiva óptima, siento una necesidad de escribir algo sobre Jhon Mario. Algo de culpa judeo cristiana habrá en mí aun, muy a mi pesar.

Raúl Ramírez Gacha, Rafael Baracaldo, Jhon Mario Ramírez y Bonner Mosquera en la antigua sede de Millonarios (Foto tomada del perfil de Twitter de Raúl Ramírez Gacha – @19RGACHA).

El bogotano tuvo todo lo que, como lo vemos los juzgones desde afuera, se cree que era suficiente para ser una estrella del deporte: ser un tipo con capacidades físicas y técnicas excepcionales, con inteligencia de juego superior, y hervor en la sangre -porque nadie puede negarle eso al gran Jhon Mario-. Lo tenía todo para ser nuestro nuevo 10, pensaban, sobre todo, los hinchas del Club Deportivo Los Millonarios (me gusta más ese nombre antiguo), equipo en el que despuntó e hizo alucinar y sufrir a miles de niños, jóvenes y adultos cuando saltaba al campo de juego y, también, cuando salía de él.

Como hincha de Atlético Nacional lo padecí innumerables veces, con una rabia cargada de inmadurez que daba ver cómo un talentoso del equipo rival, hacía y deshacía con el equipo de uno. Incluso, aun sabiendo que Nacional tenía jugadores excepcionales y de altísima calidad. Ramírez fue el tipo de jugador que a mi me gusta más y que, con mucha pena debo decir, cada vez se ven menos: de los que se meten entre líneas de los rivales o buscan el espacio vacío, abriéndose, para pedir la pelota. Como es de lindo ver jugadores (y jugadoras) que piden la pelota, que no les da miedo. Que ven en la pelota amor y no una bola de fuego. Que si la pierden, van a volver a pedirla para hacerlo mejor, una y un millón de veces más. Eso lo hacía JMR.

Recibía la pelota y solía darse vuelta, para mirar el panorama de juego, encarando al rival. De esos encares podía salir un pase de vuelta a quién le había dado la pelota (en pared), una finta para dejar pasar la pelota a un compañero, un pase filtrado a otro de su equipo para generar una jugada de ataque, una maniobra en velocidad para ir descolgando rivales y que, podía hacerla solo o haciendo alguna pared con alguno que supiera interpretar ese lenguaje con el que se expresaba en la cancha. Ese lenguaje que está en extinción. O, la que más me gustaba y que hoy mis canas me permiten apreciar: meter pases filtrados entre líneas o al vacío, con mucha precisión y que, usualmente, mínimo, derivaban en jugadas de peligro a favor de su equipo . Se me pone la piel de gallina pensando y recordando ese tipo de jugadores; esos con capacidad técnica y de dinámica de juego atrevido que no la tienen muchos. Invito a pensar en qué jugadores hacen ese tipo de jugadas y, muy seguramente, coincidiremos en que Ramírez era un crack absoluto (2).

Si hablamos de la sensibilidad de su pegada, con pelota en movimiento o pelota quieta: CRACK ABSOLUTO. De una coordinación viso – pédica muy por encima del promedio y que, sin exagerar, parecía más coordinación viso – manual. Sin embargo, para muchos deportistas tener capacidades excepcionales no es suficiente para sobrevivir a esa avalancha incontenible que es la fama por, curiosamente, poseer esos «súper poderes» y que les permite ser deportistas profesionales destacados. Ni hablar si hablamos de ser un futbolista destacado -en Latinoamérica-.

Muchas veces les llega la fama de golpe, aun sabiendo desde siempre que tenían todo para cumplir el sueño de ser destacados en su deporte. En medio de su brillo, tienen toda la visibilidad que pueden brindar los medios de comunicación de todo tipo. No logro imaginar cómo hubiesen sido las cosas, si a Jhon Mario le hubiese tocado vivir la era de redes sociales como jugador profesional y, sobre todo, en su etapa crítica con Millonarios. Es muy probable que lo hubiesen (hubiésemos) destruido -más- y con mayor facilidad. Su gusto por la noche y el alcohol hubiese sido comidilla de muchos más de los que se lo devoraron en aquellos días, de eso no tengo la menor duda -y ahí me incluyo, obviamente-. Pero pienso en él y en otros casos de talentos que se estrellan con la fama y, como Profesional en Ciencias del Deporte que soy, me enoja ver cómo el mercado del deporte forma a los deportistas tan superficialmente. No les preparan para, medianamente, tener herramientas que les permitan afrontar la fama.

Raúl y Jhon Mario Ramírez: fruto de un proceso formativo del fútbol bogotano (Foto tomada del perfil de Twitter de Raúl Ramírez Gacha – @19RGACHA)

Esta viene en un combo muy jugoso y en el que los medios de comunicación, si bien son muy importantes, no son lo único. Saber relacionarse con su familia, sus amigos y con desconocidos, tener nociones mínimas de qué carajos hacer con el dinero -entendiendo que la carrera de un deportista profesional es muy corta-, cómo superar el duelo en caso de no llegar a ser deportista profesional, aprender a llevar una vida de deportista profesional cuando se es un deportista promedio, saber llevar una vida de estrellato, etc. Son muchas cosas que se viven en el deporte de rendimiento.

Es por esto, que es inconcebible que, masivamente y de forma reglamentada por las entidades rectoras del fútbol, no haya un plan serio y con profesionales especialistas en estos temas, que tenga como objetivo proteger a todos los deportistas de los clubes desde que son niños y dedican gran parte de su tiempo, pero sobre todo, su vida y alma, a ser parte de un club de fútbol. No se habla mucho de esto, pero la carga emocional que hay en cada jugador de un club, desde el más pequeño, hasta el más grande, es altísima. Los clubes, en general, no suelen hacerlo y lo único que les importa es ver a los deportistas como un producto. Y está bien, digamos: véanlos como producto, pero, señores dirigentes del deporte: no sean mediocres. Cuiden a su «producto» como debe ser, como personas. Si eso llegase a pasar, existirían muchas más probabilidades de éxito para todos, si es que solo quieren verlos como un valor monetario. Lo importante que es el afecto en lo que a uno le gusta hacer, ¿no?

Jhon Mario no supo lidiar con esa fama y tampoco pudo parar las consecuencias de ella a tiempo, pensándolo desde el potencial tan absurdo que tenía para ser uno de los mejores jugadores de la historia de Colombia y, yo sí me animo, mínimo, de Latinoamérica: es que jugaba mucho. Eso sí, tuvo a la prensa del señor que juega golf, encima y haciéndolo añicos, junto a otros que, desde el micrófono, dicen que el deporte les importa, pero apuesto a que jamás en sus vidas han hecho una llamada a un deportista para hablar de humano a humano.

JMR tuvo un paso fugaz, pero significativo por la Selección Colombia Masculina de Mayores (Foto tomada de Diario Marca Colombia)

En medio de ese morbo, caíamos muchos para señalarlo a él y a todos los que no lograron ese equilibrio entre fama y vida deportiva. Ahora bien, es importante rescatar que Ramírez, quizás, sí encontró un equilibrio en la fe cristiana, tarde para ese potencial deportivo, pero a tiempo para él como persona, ser de familia, amigo y compañero. Con eso, creo, es que nos tenemos que quedar. Por lo que vi en la exploración que hice sobre él, antes de sentarme a escribir esto, las personas de sus múltiples entornos resaltan su calidad humana. De ella, logró llevar un poco a su «Millos» querido, cuando fue asesor espiritual en el plantel de Richard Páez, en medio del camino espiritual que encontró para vivir un poco más en paz.

No tengo una sola duda de que aprendió de sus errores, se reconoció y quiso aportar para que a otros no les pasara lo mismo que a él. Interpreto esto como una intención noble y reparadora con su club, y con su vida misma. Desconozco sobre estos procesos a profundidad, sin embargo, considero que fue una labor absolutamente válida y bonita. Jamás olvidaré cuando camino a mi universidad, por allá en el 2011, se subió al bus en el que iba yo. Le tocó de pie, mientras yo dudaba si era él o no. Al rato lo confirmé, cuando se bajó en la antigua sede de Millonarios en la Autopista Norte. Pensé en muchas cosas, obviamente, con ese tildador e inquisidor que hubo en mí y que, ya con conocimiento académico del deporte en esos días, por suerte estaba agonizando. En medio de mucha nostalgia, me alegró verlo bien.

JMR trabajo recientemente en medios de comunicación, dándose a conocer como un conocedor de fútbol a tener en cuenta (Foto tomada de http://www.noticiascoopercom.com)

Fue así como se le escuchaba y veía recientemente en sus intervenciones radiales y en televisión, con esa candela viva que siempre tuvo jugando, esta vez, para opinar, haciéndolo con total seguridad. Esa que poseen los que saben de lo que hablan. Así vino la que fue su segunda gran oportunidad profesional, después de la convertirse en jugador profesional de fútbol: ser entrenador de un equipo profesional, en este caso, Patriotas Fútbol Club. Pero las cosas no salieron como tenían que ser y lamentablemente no alcanzó a debutar en ese rol: pasó a ser un contagiado más de Covid 19 que terminó en una UCI y, en donde muy seguramente, dio todo de sí para salir de ahí.

Me conmueve mucho su historia de vida en el deporte, en especial lo reciente, porque Jhon Mario hizo algo que para mí es una necesidad en nuestro fútbol nacional: que los deportistas que tuvieron una larga trayectoria, se capaciten, estudien, aprendan, se actualicen, organicen ideas y propongan nuevos escenarios en el fútbol. Tras el retiro como jugadores, en Argentina lo hacen muchos (Gallardo, Coudet, Pochettino, Heinze, Simeone, etc.), en Uruguay también (Poyet, Montero, Abreu, Aguirre, etc.) y ni hablar en Europa (Pirlo, Zidane, Lampard, Shevchenko, Southgate, Luis Enrique, etc.). Tipos que, aun teniendo un futuro económico importante ya asegurado, tienen la llama viva, por amor al deporte y/o el dinero. No tengo idea cuál será su gran motivación, pero para eso estudian y se preparan. Se involucran en el rol y comparten sus experiencias; van y se la juegan. Están prestos a enseñar cosas a los futbolistas jóvenes y a inspirarlos.

En Colombia no está pasando eso, al menos, masivamente hablando. De los retirados del fútbol profesional recientemente, Amaranto Perea y Mayer Candelo lo están haciendo. Yepes medio se asomó y no volvió. Iván Ramiro y Oscar Córdoba, Iván Valenciano, Valderrama, Rincón y demás, se asomaron un poquito y huyeron, o no lo hicieron. Jhon Mario se retiró no hace poco y, aun así, decidió seguir aprendiendo; se capacitó y actualizó, e iba en busca del sueño de ser entrenador profesional. No le alcanzó para explotar en su segunda gran oportunidad y, de verdad, es una pena por el fútbol, porque seguro ahí íbamos a tener a un gran entrenador de fútbol, por su amor al deporte, por su forma de entender el juego, por sus experiencias de vida y por su calidad humana. Su paso como jugador por Millonarios, Medellín, Cali, Tolima, Quindío, Bucaramanga, El Cóndor, Santa Fe, Chicó, Carabobo (VEN) y Pereira, seguro, que era garantía de algo promisorio.

Pronto iniciaré un proyecto profesional nuevo y, seguramente, ese paralelo con el momento profesional de Ramírez me hizo sentir dolor más acentuado, porque lo puedo entender en la ilusión de estar con la cabeza y el corazón en una apuesta nueva en lo que a uno, en parte, lo mueve para andar con la cabeza arriba en esta vida.

Una voz de aliento a sus familiares, amigos y todas las personas de su entorno. Larga vida a ese encarador de pase fino.

Juan Camilo Caycedo Arce

Profesional en Ciencias del Deporte – U.D.C.A.

Sin público varios se animan más.

El sábado 12 de septiembre se reanudó la English Premier League, torneo de primera división de fútbol masculino de Inglaterra. Dentro del fixture de la temporada 2020-2021, los «Dioses del fútbol» lograron que, en la primera fecha y de entrada, sin titubear, se tuviera en la parrilla a uno de los juegos más esperados para la temporada: El Liverpool de Jurgen Klopp, campeón vigente y primíparo ganador de la Premier League (formato que opera desde 1990) vs. el recién ascendido y, ahora queridísimo, Leeds United de Marcelo «El Loco» Bielsa.

Ambos equipos reconocidos más allá de su éxito, por sus maneras de jugar absolutamente atractivas y también, dirigidas por dos de los entrenadores más destacados, auténticos y queridos del fútbol en el mundo entero. En pocas palabras, un partidazo.

442 | Duelo de caballeros: el saludo entre Bielsa y Klopp antes de Liverpool -Leeds
Jurgen Klopp y Marcelo Bielsa dirigiendo a sus equipos en Anfield Road (foto tomada de 442.perfil.com)

En medio de la previa del partido, Bielsa, fiel a su estilo, dijo que “Anfield es Anfield solo si hay gente, pero siempre estoy nervioso antes de un partido” (1). Asunto que había rondado en mi cabeza por un par de meses, sobre la influencia del público en el ánimo de los jugadores de un partido de fútbol y, particularmente, en lo que incide para los que hacen parte del equipo visitante. En este caso, sobre cómo puede beneficiar la ausencia de público al rendimiento de los equipos visitantes.

Todo esto en medio de la pandemia y la –cuestionada- reanudación del fútbol profesional en el mundo, que ha venido retomando actividades de forma paulatina en la gran mayoría de países donde paró el fútbol profesional.

Al ver que el argentino lo dijo sin titubear, refiriéndose a lo que implicaba ir a jugar a uno de esos templos que hay que visitar antes de morir, como Anfield Road, casa del Liverpool, pude ver que sí, que esa idea que ha rondado en mí cabeza no es tan rara, ni traída de los cabellos.

Por ejemplo, para no desviarnos de ese regalazo de los “Dioses del fútbol” que fue ese partido entre los campeones del 2019-2020 de la English Premier League y la Championship League (torneo de segunda división de Inglaterra), el equipo de Bielsa jugó sin un solo complejo ante la máquina roja de Jurgen Klopp. Liverpool siempre se fue arriba en el marcador y el equipo del “Loco” lo empataba. Agonizaba el partido y solo hasta el final del mismo, una imprudencia de Rodrigo, jugador que le costó 40 millones de euros al Leeds United (2) y hacía su debut oficial, cometió un penal imprudente que luego fue convertido por Salah, poniendo arriba al Liverpool como ganador del encuentro por 4-3.

Lyon sorprende y elimina al Manchester City para avanzar a semis de  Champions - STN HONDURAS
Celebración de Lyon tras ganarle al candidato Manchester City y de esa forma, pasar a la semifinal de la UEFA Champions League 2019 – 2020 (foto tomada de http://www.stnhn.com)

¿Hubiese jugado así de tranquilo el Leeds United si hubiese público en Anfield Road? No tengo idea, pero sí creo que Bielsa tenía clarísimo que una cosa es jugar con ese público alentando al equipo de Liverpool y, otra, como pasó, todos al son de los gritos y sonidos de los protagonistas en el campo. Fútbol con espíritu amateur.

Cuando empezó la serie de partidos que dieron reinicio a la Uefa Champions League 2019-2020, hace poco más de un mes, fue cuando pensé en esta situación de la ligereza de los visitantes. Me pregunté si el Lyon hubiese jugado de la manera que lo hizo vs. Juventus en Turín, si hubiese tenido público ese partido. Eliminó a Juventus (3). Lo mismo me indagué cuando el equipo francés lo hizo vs. el Manchester City de Guardiola en la burbuja de Lisboa (5). La pregunta se convirtió en duda, porque vi a un equipo, además de muy bien engranado, unido, disciplinado tácticamente y demás, muy tranquilo mentalmente frente a dos equipos que eran favoritos para la serie y también para ganar ese campeonato.

Hablé de esto con un par de amigos y como decía uno de ellos, “La Bombonera no es lo mismo sin ese público que alienta como lo hace”. Tiene razón, en esas plazas donde la dificultad históricamente ha estado en buena parte determinada por la hostilidad que ha implicado el aliento de la hinchada a su equipo, además de las formas de amedrentar al rival, la pandemia ha hecho que esa balanza ya esté un poco menos desequilibrada y que los equipos visitantes se animen un poco más. Por lo menos tienen una carga menos y como consecuencia, hemos visto resultados sorpresivos. Eso sí, cabe aclarar de manera categórica, que no hay ausencia de público que compense un equipo mal dirigido y mal armado. Sin embargo, esos equipos que vienen siendo bien trabajados, es mucho más probable que puedan dar sorpresas jugando de visitantes.

Allanaron la Bombonera por sobrecupo de público
La Bombonera: estadio mítico y famoso por la presión que ejerce el público a los rivales con su aliento a Boca Juniors, el equipo local de ese escenario (foto tomada de http://www.foxsportsla.com)

También es importante mencionar que esas plazas que históricamente han sido difíciles por condiciones geográficas, de altitud y demás, seguirán siendo igual de incómodas para los visitantes con o sin público: jugar en Barranquilla vs. Junior de Barranquilla antes de las 5 p.m., sigue siendo toda una pesadilla para muchos equipos. Ni hablar de los 3640 m.s.n.m. del Estadio Hernando Siles de La Paz.

¿Que el ambiente de no familiaridad con las instalaciones del estadio pueda influir para hacer sentir a un equipo visitante y que eso afecte su rendimiento? Lo dudo, sobre todo, cuando se sabe que la gran mayoría de jugadores de fútbol antes de ser profesionales, anduvieron por muchos escenarios llenos de incomodidades. Están campos de juego con césped más corto, más alto, más seco, etc., pero sigue siendo dentro de un escenario de fútbol profesional y que está enmarcado bajo unas condiciones que exigen que el campo sea, mínimo, decente.

Este fútbol profesional –irresponsable- en medio de la pandemia, en la cancha, ahí, mientras se desarrollan los partidos, recobra un poco el espíritu amateur, como mencionada arriba. Quizás es uno de los pocos beneficios en el deporte profesional, de este momento indeseable en la historia reciente de la humanidad.

Esta semana en la reanudación de la Copa Libertadores 2020, Caracas F. C. le ganó a Independiente Medellín en el Atanasio Girardot. Fue la primera vez en la historia que un equipo venezolano pudo ganarle a uno colombiano de visitante en este torneo. Boca Juniors, con todos sus problemas que ha tenido con contagios de Covid 19 en su plantilla, arrasó a Libertad en Asunción. River Plate de Argentina casi lo gana en el Morumbi de San Pablo (empató 3-3). Nacional de Uruguay le ganó a Racing Club en El Cilindro de Avellaneda. Para volver a la Premier League, en el debut de James Rodríguez con el Everton, el equipo “Toffee” se enfrentó al poderoso Tottenham Hotspur de Londres, diridigo por Mourinho. El equipo de Carlo Ancelotti y también de Yerry Mina, ganó después de muchos años al equipo londinense y jugó con mucho desparpajo.

Copa Libertadores: Independiente Medellín vs. Caracas FC (2-3): resumen,  goles y estadís | NOTICIAS DEPOR PERÚ
Jugadores del Caracas F.C. celebran uno de los goles que le dieron la victoria vs. Independiente Medellín en Medellín. Primer triunfo de un equipo venezolano en Colombia, por Copa Libertadores (Foto tomada de http://www.depor.com)

Este fin de semana en ese mismo torneo y el mismo equipo de James Rodríguez, el Everton Football Club, pasó muy mal durante el Primer Tiempo vs. West Bromwich Albion (WBA) jugando de local. Empezaron perdiendo y se salvaron de irse abajo 0-2, tras un remate en el palo del equipo visitante. Después, James frotó su lámpara y tras una jugada con la derecha generó la opción del gol de empate del partido. Vino la aparición de su zurda mágica, hizo el segundo gol y al rato, expulsaron a un jugador del WBA por una agresión al cucuteño. De ahí en adelante controlaron al irreverente WBA de Bilic.

Quizás podría hacer una revisión más juiciosa de lo que ha pasado hasta el momento en las diferentes ligas del mundo, con estadísticas y demás. Tarea pendiente de momento. Sin embargo, los invito a ver y a analizar cada partido desde este punto de vista. Quizás vamos madurando entre varios si esta hipótesis se vuelve teoría.

Mi hipótesis, de la mano de lo que dijo el gran Marcelo Bielsa de Anfield Road, es que jugar con público sí le quita presión y miedo a los visitantes. También creo que hay equipos como el Barcelona y el Real Madrid, que tienen hinchadas que no son reconocidas por generar un ambiente hostil a los equipos visitantes, pero sí son un gran entorno para estos equipos cuando juegan de local. Se sienten muy cómodos en esas circunstancias y, muy seguramente, extrañan esa atmósfera a favor.

Todo esto, también lo tiro como hipótesis y es que creo que este panorama de un poco más de favorabilidad para los visitantes, hace que los locales deban hacer mucho más para ganar en sus casas. Eso me parece maravilloso, en medio de la irresponsabilidad que está siendo que el fútbol profesional haya vuelto en plena pandemia. «The $how mu$t go on».

Juan Camilo Caycedo

Profesional en Ciencias del Deporte

Twitter: meazza1990_

Página de Facebook: Meazza 1990

Referencias.

  1. https://www.tycsports.com/premier-league/bielsa-sobre-sus-nervios-por-ir-a-anfield-su-respeto-por-klopp-y-la-dificultad-de-debutar-ante-liverpool-20200910.html
  2. https://www.superdeporte.es/valencia/2020/08/25/rodrigo-ficha-premier-league/468265.html
  3. https://www.marca.com/futbol/champions-league/juventus-o-lyon-directo/2020/08/07/01_0103_20200807_128_143.html
  4. https://www.mundodeportivo.com%2Ffutbol%2Fchampions-league%2F20200815%2F482846197397%2Fmanchester-city-olympique-lyon-cronica-cuartos-champions.html&usg=AOvVaw1nI-qKfsgT9E9bb5qxmGpZ
  5. https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwip3MzJ1_jrAhWkd98KHUDyAjoQFjANegQIBBAB&url=https%3A%2F%2Fwww.mundodeportivo.com%2Ffutbol%2Fchampions-league%2F20200815%2F482846197397%2Fmanchester-city-olympique-lyon-cronica-cuartos-champions.html&usg=AOvVaw1nI-qKfsgT9E9bb5qxmGpZ

LO NUESTRO, A VECES LO MÁS DESPRECIADO: DE REGUETÓN Y OTRAS HISTORIAS.

J Balvin, el cantante colombiano de reguetón, está en segunda línea del segundo día del Coachella 2019.

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Line up/Cartel de Coachella 2019.

¿Qué es estar en segunda línea de un festival de música como Coachella?

Los carteles o line ups de un festival son la forma de presentación oficial de lo que estos van a ofrecer en sus eventos. Normalmente van con un gran trabajo en diseño gráfico, llamativo e históricamente, a través de ese trabajo gráfico, han transmitido cuáles son sus artistas principales a través la posición en la que ponen el nombre de los artistas. El tamaño y la posición en el cartel dicta esto. Los «headliners», que son los que el festival quiere mostrar como más importantes y que por ende, serán quiénes cierren cada día del festival, son los que van en la parte alta del cartel, con una fuente más grande y visible. Después vienen otros artistas que son muy importantes y que en algunos casos, se diferencian de los «headliners» en que sus presentaciones no cierran el festival, pero su importancia y capacidad de convocatoria para el evento pueden ser relevantes para la organización del mismo.

Ser segunda línea también da privilegios, entre otros, está ser programado para presentarse en un horario estelar y con altas posibilidades de estar en tarimas principales. Eso ya lo define la organización del festival.

Cualquier artista quisiera ser segunda línea, sobre todo, si es uno de un género totalmente ajeno a lo que hacen la gran mayoría de sus colegas que hacen parte del evento, no solo para esta edición sino históricamente: Coachella siempre ha sido más de corte alternativo y se ha movido entre el rock, la electrónica y el hip-hop.  Es por eso -en parte- que lo que pasará con J Balvin, Bad Bunny (también en segunda línea del tercer día) y a Tomasa Del Real (quién está en las últimas líneas del primer día y eso no le quita importancia al ya gran logro de estar ahí: es la pionera del reguetón feminista) es un fenómeno relevante para el posicionamiento musical latinoamericano en plataformas distintas a las latinas. Grandes los tres.

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Line Up del primer Coachella en 1999.

Quién escribe esto es un colombiano al que le gusta el rock en la gran mayoría de sus manifestaciones, también gran parte de los géneros de música electrónica, especialmente los agrupados en «alternativos» y como a la gran mayoría de colombianos, la salsa, género que considero es el que genera mayor consenso e identidad entre nosotros los colombianos, a pesar de no ser un género nuestro. Soy de esos que aborreció con furia al reguetón de la década pasada y que iba repitiendo el mismo comportamiento con la nueva ola de ese género, no hace mucho tiempo.

Fui de esos hipócritas que le hizo bullying a gente de su entorno por escuchar y bailar «eso» en la década pasada, de esos que miraba de reojo a esas personas cercanas, creyéndome no sé qué carajos y viéndolos como inferiores en términos culturales. Como personas sin gusto o con mal gusto, es decir, era de esos que a través de un gusto musical me atrevía a emitir un juicio absolutamente relativo como el musical y volverlo en algo categórico y absoluto. Así de bobo puede llegar a ser uno y hasta peor, seguramente. Digo hipócritamente porque recuerdo un par de fiestas donde «me tocó» bailar esos géneros y no recuerdo haberla pasado mal, al contrario, tengo muy buenos recuerdos de esas fiestas en donde a pesar de ser más cercano al rock y la electrónica, metían reguetón, champeta y demás, y sin dudarlo, la fiesta tomaba un aire inesperado y como que ahí sí todos nos sentíamos en hermandad. Siempre le tiramos la culpa al trago, a que «tocaba», etc., pura y física carreta. Era evidente pero la pendejada lo hacía a uno casi que arreglarse la camiseta y seguir muy implacable por la vida escuchando guitarras distorsionadas y melódicas solamente, pero ni por el putas esa «porquería de música». Tan colombiano eso.

Esa máscara del desprecio por el reguetón y otros géneros, lugar tan usual en los que escuchamos rock y electrónica -que son ritmos absolutamente anglosajones-, confieso que me pesó desde hace varios meses y he estado pensando que sin quererlo, no es más que una muestra de superioridad de esas con las que crecimos y que sin darnos cuenta, asumimos como un «deber ser». Me voy de mamerto pero considero que es así: Es un ejemplo más de lo hegemónico en nuestras costumbres. Es un rechazo por lo nuestro o lo más cercano a nosotros, los latinoamericanos y lo que componer a nuestra variada, diversa y riquísima cultura.

Esa lógica del «deber ser» en la que todo el mundo debe ser blanco, en la que todo el mundo debe ser de pelo liso, todo el mundo debe tener dinero, todo el mundo debe viajar, todo el mundo debe estudiar, todo el mundo debe ser «fit», todo el mundo debe ver arte, todo el mundo debe leer y claro, todo el mundo debe ser rockero y bailar música electrónica, como lo hacen «allá». Ese es el «deber ser» de occidente citadino desde hace unas décadas, al menos para ser considerado alguien «cool», de buen gusto y hasta culto, en medio de una cultura citadina como la bogotana. La cosa puede ser tan fuerte y radical entorno al rock, que incluso en Argentina se animaron a ir un poco más lejos: hay un género llamado «rock nacional» y lo que no esté ahí, está condenado a ir a las «turbias aguas» del pop, según ellos. Lo padeció Gustavo Cerati con su banda Soda Stereo: para los seguidores del rock nacional argentino, lo que hizo Cerati no tiene nada de rock. Es pop y como tal, es visto como inferior. Lo está padeciendo hoy Juanes siendo parte del cartel de Rock Al Parque 2019, siendo juzgado por gente que incluso disfrutó o mínimo avaló las presentaciones de grandes bandas como Fischerspooner y Pussy Riot en el mismo festival. Así es la cosa.

El rock tiene ínfulas de superioridad y a pesar de que me moriré escuchando rock viejo (porque es lo que más me gusta y ya no se produce mucho como lo que se hizo antes), esos juicios, haciendo yo otro juicio, considero que son bastante tontos e incoherentes. Son propios de una rebeldía adolescente y no sé si es que ser de esa forma, hace sentir a esas personas que no han crecido y aun mantienen algo «juvenil» en sus ser, de forma consciente o inconsciente, no tengo puta idea, pero es bastante tonto.

Al parecer la rebeldía no se quedó solo en ir «en contra del sistema», sino en la inmadurez de verse a sí mismo y a los demás de una forma bien excluyente y egoísta, mientras muchos de nosotros definitivamente sí somos parte del «sistema» y nuestras vidas fluyen ahí. Por lo menos gran parte de los seguidores y también de los músicos son así. Si usted es rockero y no es así, felicitaciones, haga caso omiso.

En Colombia puntualmente nos hemos quejado históricamente de que la cultura rockera no fluye, no se mantiene masivamente. Con el boom de conciertos que estalló a mediados de la década pasada, con presentaciones de bandas y artistas que antes no venían, por las razones que fuera, muchos hemos visto como en bandas que en otros países latinos llenan con facilidad y hasta hacen más de un show en sus giras, en Colombia a gatas se cumple con un público asistente decente varias veces. No siempre, claro está, pero sí pasa muy seguido. Muy a pesar de estar de acuerdo con el gran Andrés Durán, admirado disc jockey especialista en rock colombiano, una leyenda, al topármelo el día del concierto de Pearl Jam en noviembre del 2015, aproveché para pedirle una foto y hablamos un poquito. Le manifesté mi descontento por la baja asistencia y me dijo «no importa, estamos los que somos». Y así fue, ese día tembló el Simón Bolivar con los creo, no más de 10 mil que fuímos. En Santiago de Chile esa banda ha llegado a tocar dos noches seguidas y ha llenado en ambas.

Pero creo, que de una vez por todas, debemos reconocer algo: Colombia no es un país de cultura masiva rockera, ni lo será, jamás. Nuestras bandas no han surgido como nos gustaría y tampoco son reconocidas internacionalmente como nos gustaría. Muy pocas han logrado eso que nos gustaría ver del reguetón y de J Balvin, pero jamás, ninguna, logró la visibilidad que tiene hoy el artista colombiano. Ni siquiera Aterciopelados, que en mi concepto, es nuestra banda de rock histórica de mostrar (con justa razón).

¿Y saben qué? Tiene todo el sentido del mundo: Nosotros culturalmente tenemos otras raíces y no tenemos esa influencia anglosajona en la magnitud que pueden tener países como Brasil, Argentina o Chile, los países más rockeros de Sudamérica. Alguno dirá «¿Y México qué?», bien, no tengo la razón exacta, ni siquiera cercana, pero digamos que son la excepción a la regla. También debo decir que no tienen lo que tenemos nosotros de forma tan marcada: la influencia afro, que dirá otra persona «pero Brasil sí la tiene». Claro, pero sumada a esa riqueza cultural afro e indígena, tienen una influencia anglosajona muy fuerte y de mil partes del mundo más en su cultura -por eso en parte es una vergüenza que el actual Presidente acabe al Ministerio de Cultura en ese país, entre mil medidas ridículas más, pero bueno-. Al mismo tiempo y toca mencionarlo, el racismo en Brasil está desbordado en este momento, pero eso no es tema de este escrito.

La riqueza cultural en Colombia en ese sentido es también ridículamente amplia y a pesar de que uno cree ser consciente de eso, no lo es tanto. Si lo fuéramos, dejaríamos de joder al reguetón de esta era (y de cualquier otra) y aceptaríamos que está más cercano a nuestras raíces, de lo que está el rock. De esta tierra han salido personajes como Totó La Momposina y Joe Arroyo, dos seres humanos que a pesar de ser valorados, no son valorados en la inmensidad que se debería porque lo hicieron todo casi solitos y de qué manera. También dirá otra persona «pero lo africano tampoco es nuestro», y bueno, ahí nos vamos al carajo. No es tan sencillo el tema y me parece muy interesante, pero dentro de ese proceso tan agresivo de mezcla de pueblos y del que somos producto nosotros, lo afro lleva siglos en nuestra sangre.

Viene el factor económico y bueno, yo no sé si en ese caso es el huevo o la gallina primero, ni tampoco quiero asumir posición. Simplemente al rock colombiano le ha faltado mucho más apoyo del que ha tenido y quizás cuando lo ha tenido, el producto no ha sido el esperado en números ($). Hay que decir en mayúscula que eso de la falta de apoyo y de que culturalmente no sea una cultura masiva y que cuente con un gran apoyo, hace que sea mucho más meritorio lo que se ha hecho en este país en el rock y lo que se sigue haciendo, porque van en contra de la corriente y se les exije como si tuvieran todo servido. Aplausos para las bandas que han hecho mucho por el rock de Colombia y a los que deciden seguir creciendo en ese campo.

Del reguetón, desde mi ignorancia, veo una gran producción en el audio y sobre todo, en lo visual. Uno ve esos videos de sus canciones y son muy bien producidos y creería yo, con mucha plata de por medio. Dos opciones se me ocurren: O han sabido usar los pocos recursos que tuvieron en sus inicios de esta nueva ola o son artistas que han contado con gran inversión de alguna forma. Aunque es importante mencionar que una gran inversión en producción no hace exitoso a nadie y ejemplos hay bastantes. Algo han hecho bien estos tipos y viejas involucrados en la nueva ola del reguetón y yo, se lo aplaudo a todos. Les aplaudo el talento, así no me guste todo lo que hacen. Creo que hay que aceptar más el producto latino y dejar de renegar, eso aplica para el rock y el reguetón, para todo. No me meto con las letras, porque siendo rockero, no tengo cara para criticarlo porque ambos géneros han incurrido de forma muy fuerte en misoginia, violencia y demás.

El rock en el mundo va muriendo poco a poco, por lo menos ese al que nos acostumbramos viendo a bandas que crecían y se hacían legendarias. También creo que Coachella lo sabe y decidió dejar en parte sus orígenes, un festival de música alternativa, rockero, con cabida para la música electrónica y el hip-hop, para desplazarse a ser un festival mucho más amplio y obvio, comercialmente más visible y jodidamente caro, ja. Habrá que ver si el otro gran festival, también de orígenes rockeros como Lollapalooza, en determinado momento abre la puerta de esta manera a géneros como el reguetón, los corridos o al Korean Pop, como lo hizo Coachella este año de forma estelar.

En ese contexto está hoy J Balvin siendo anunciado como segunda línea los días 13 y 20 de abril de 2019 en California. Coachella no está dando un sello de calidad tipo ISO 9001, para nada. Creer eso sería como seguir con esa dinámica de aprobación del primer mundo al tercer mundo a ver si sí lo hacemos bien no, ¡qué va! El reguetón tiene fuerza ya, hace rato y hoy lo interesante, es ver que se metió en esferas nunca antes pensadas. De Colombia lo había hecho Bomba Estéreo, con su mezcla electrónica y de sonidos autóctonos colombianos, pero jamás nadie en segunda línea. Si yo tuviese plata y tiempo, hubiese ido a verlo sin dudarlo. Qué fenómeno el de esta gente, definitivamente y viendo lo que pasó con el Grupo Niche en Estéreo Picnic 2019, con una aceptación y un acople perfecto a la dinámica del festival, pensaría yo que es muy probable que de ahora en adelante tengamos bandas de corte «tropical» en ese festival. Aplausos.

Este reflexión no sé por qué viene motivada, serán los años, el proceso académico en el que estoy envuelto en este momento, madurez, inmadurez, ni idea. Pero me agrada y me siento cómodo y muy bien. Por eso me tomo el tiempo de escribirlo y compartirlo con ustedes. Que fluya.

 

Juan Camilo Caycedo

No sé como firmar ahora (¿?)

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¿ES LA VIOLENCIA PARTE DE LA ESENCIA DE LA COPA LIBERTADORES? ¿EN SERIO?

Parte del encanto de algunos torneos de fútbol de clubes no tiene que ver con el fin de los mismos, que viene siendo coronarse campeón, como en cualquier competencia de alto rendimiento. Es decir, sí, claro, es un honor y un orgullo que el equipo al que uno le va salga campeón, sí lo sé yo y con mucho orgullo (perdón por la chapa), pero no es eso lo único que motiva a un hincha a seguir una competencia internacional de clubes en fútbol.

La forma en que se desarrolla la misma es fundamental y una que puede dar cuenta de eso es la Copa Libertadores de América. Éste torneo de clubes de la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), uno de los más tradicionales de fútbol en el mundo, tiene unas particularidades en su desarrollo que lo hacen casi único. No es una sola particularidad, ni dos, es la unión de distintas variantes que hacen de la Libertadores un torneo especial y cada vez más reconocido por los seguidores del fútbol en el mundo, lentamente, pero ese reconocimiento se está dando, muy a pesar de los escandalosos manejos administrativos en la Conmebol durante las últimas décadas.

Gremio celebra con el trofeo después de ganar el partido de la final de la Copa Libertadores 2017 contra Lanús de Argentina en Buenos Aires, Argentina, el 29 de noviembre de 2017. AFP

Gremio de Brasil, campeón de la Copa Libertadores 2017 (foto tomada de http://www.elcomercio.com)

No es solo la riqueza técnica de la que tanto nos jactamos los sudamericanos como sello único e irrepetible ante los demás “mortales” que juegan fútbol en los otros continentes, porque es así: nos creemos que como nosotros, nadie más en el mundo del fútbol. Incluso hay categorizaciones de ese «agrande» en Sudamérica, en donde los brasileros y los argentinos asumen con o sin razón (buen debate) que ellos son los más. En fin, bien chistoso eso.  Pero no, lo llamativo del torneo no es solo la riqueza técnica que puede verse en la Copa Libertadores. El ambiente que tiene cada estadio en donde se desarrolla un partido de Copa es lindo, porque cada uno de ellos tiene una particularidad, una diferencia en medio de la similitud, propia de la cultura latinoamericana de la que hacen parte los clubes de Conmebol.

Los cánticos, la forma en que cada hinchada apoya a su equipo, como algunos intentan anular al rival con el aliento a su equipo, los trapos colgando en las tribunas, la diversidad de tonos en el color del césped que varía en función muchas veces de la altura sobre el nivel del mar a la que esté la ciudad y las condiciones ambientales (bien diversas en éste pedazo de tierra sudamericano), las palabras utilizadas por los hinchas para alentar y “putear” (muchas son diferentes en todas partes), además del honor que parece ser jugar la Copa Libertadores para muchos jugadores. Honor, porque la forma como se juega, es de dejar todo, por lo menos la gran mayoría lo hace de esa forma. Quién no lo hace así, es quién está errado, quién se ve feo, quién no está a la altura de la «gala». Lo políticamente correcto y lo que mandan los cánones no escritos de la Copa Libertadores, es jugarla a full, dejando el alma. Te pueden ganar, pero jamás trotando. Todo eso hace parte del encanto que año tras año se encuentra en la Copa Libertadores, al margen del nivel de rendimiento de los clubes participantes.

Jugadores del Barcelona de Ecuador celebran un gol en Copa Libertadores (Foto tomada de http://www.clarin.com/deportes)

Al lado del mencionado espíritu de entrega, se desarrollan otras particularidades bonitas y llamativas de la Copa, como por ejemplo, las celebraciones de gol. Se ve cada cosa, que de verdad, le da color al torneo y uno como hincha sonríe ante semejantes particularidades.

Siendo un torneo antiguo, ya tiene historia entre equipos de diferentes países. Existen rivalidades, anécdotas y mil componentes que alimentan la expectativa año tras año cuando se realiza el sorteo del torneo para ver, entre varias cosas, cuáles son esos cruces que se dan en las fases clasificatorias o la fase de grupos, si hay clásicos de históricos de la Copa, si hay cruces entre rivales locales pero que van a disputar el “honor” en la Libertadores (nada da o quita más prestigio muchas veces, que un enfrentamiento entre rivales locales que se encuentren en la Libertadores), etc.. Todo eso es lindo del torneo.

También al mismo tiempo, como no todo puede ser fantasía y cosas lindas, menos en el aporreado fútbol, quizás el deporte que más ha sufrido el canibalismo despiadado del capitalismo y los intereses mercantilistas, hay que mencionar que la Libertadores tiene sus cosas que son de taparse la cara y morirse de la vergüenza. A pesar de que algunos hacen odas acerca de esto y cada vez con más decisión y desinhibición al respecto, sacando provecho del boom del humor sarcástico y la difusión del mismo a través de las redes sociales, se están glorificando las acciones que están fuera del reglamento y que fomentan violencia en ese deporte. ¿Exagerado decir eso? No creo.

Acciones que vienen desde cierto sector de algunas hinchadas, acciones que se desarrollan a partir de fallos arbitrales erróneos o que simplemente, no le parecen convenientes a algunos de los protagonistas, por más que sean justos y bueno, vienen los problemas. Partidos que no terminan por peleas entre jugadores, a veces se suman miembros de los cuerpos técnicos y si las cosas se van al peor escenario, hasta la hinchada puede ser parte de. Todo mal. Se dan situaciones absurdas, como que en el 2015 un tipo llamado en el mundo de las hinchadas  “El Panadero”, un hampón que como miembro de la barra más grande de Boca Juniors de Argentina, La Doce, fue y sin ningún reparo les tiró gas pimienta a los jugadores de River Plate, su eterno rival. Acto que terminó en uno de los hechos más bochornosos y dolorosos para el fútbol sudamericano, con una pelea entre ambos clubes en los escritorios, varios jugadores de River Plate afectados por la sustancia usada por ese imbécil e incluso, Sebastián Driussi, joven promesa en ese momento del club “”millo”, terminó quedando fuera de las canchas por un buen tiempo, perdiéndose el mundial sub—20 que iba a disputar con la Selección Argentina, debido a que tuvo una inflamación en las meninges como consecuencia de la idiotez del “malísimo” e “irreverente” Panadero. Hágame el favor.

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Driussi es asistido por Pezzella inmediatamente después de recibir gas pimienta por parte de un «hincha» de Boca en La Bombonera en el 2015 (foto tomada de http://www.elintransigente.com/deportes)

Ese tipo de cosas se ven en éste torneo y curiosamente, muchas veces en vez de generar rechazo al unisono, asumiendo uno que el fútbol es la prioridad entre los hinchas de distintos clubes. Pero no, ese tipo de actos terminan siendo justificados por muchas personas con la tergiversada y errónea forma de ver la “pasión” sudamericana con la que se juega al fútbol en este pedazo del planeta. Es estúpido, pero es real: en ese episodio se volvió discusión no la acción per se, más sí que River Plate estaba siendo favorecido por los dirigentes de Conmebol porque, como debía ser, el hecho nefasto terminó con una sanción al tipo ese llamado “El Panadero” y por ende, a Boca Juniors en torneos Conmebol.

Se han dado grescas vergonzosas a través de la historia del torneo, recordemos la de los últimos minutos en la semifinal de vuelta en 2016 entre Nacional de Colombia vs. Rosario Central de Argentina, un bochorno entre muchos más. A medida que la FIFA hipócritamente hace “esfuerzos” para que el juego sea más limpio con iniciativas como el VAR, en Sudamérica no cambian muchas cosas a pesar de su uso y pareciera que el fútbol se mantiene vigente porque sí, porque la gente consume sin importar la calidad del producto que se le dé, ni las condiciones. Pareciera ser que se admira lo que se logra en un mundial con el VAR, por ejemplo, pero como que culturalmente nos creemos lejos de ese tipo de iniciativas en latnoamérica, no nos reconocemos como capaces para poder hacer lo que ya otros han hecho muy bien. Suceden cosas como lo que recientemente se dio en Santos (Brasil) en un partido entre Santos e Independiente de Argentina, en donde la hinchada brasilera lanzó explosivos hacia la hinchada visitante. Los de Independiente provocaban a los brasileros con cantos racistas y la forma de responder de los santistas, muy “correctamente”, no fue esperar a que el juez actuara sino que resolvieron iracundos mejor actuar tomando justicia propia.

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Parte de la hinchada santista enardecida vs. Independiente en la Copa Libertadores 2018 (Foto tomada de http://www.marca.com)

Todo esto, ¿saben a raíz de qué? De que Santos alineó erróneamente al jugador uruguayo Carlos Sánchez, quién debía fechas de suspensión que no pagó hace unos años y la Conmebol, encargada de notificar este tipo de cosas, no lo hizo como se debía, generando la pérdida de los 3 puntos del partido de ida para Santos y con ella, la ira y calentura en la previa entre las dos hinchadas. Mientras tanto en las redes sociales, todos estos “humoristas” haciendo comidilla y haciendo una oda a lo que sucede en el fútbol sudamericano porque, según ellos, eso es lo que nos hace diferentes y especiales ante el mundo, hablando de fútbol.

Nada más ridículo y hasta incoherente si se quiere, porque curiosamente muchos de esos que hacen oda a la violencia, son personajes que como postura política claman por la paz del universo. ¿Paz de qué? ¿El fútbol es una actividad aislada de la actividad social contemporánea? ¿Ahí sí es válido que exista cualquier tipo de guerra? Qué curioso -y ridículo-.

Esos actos de violencia tienen una carga cultural negativa que hoy se está cuestionando al menos y de la que ojalá algún día, nos logremos zafar. Dentro del campo ya muchos jugadores poco hacen por mejorar esto y detrás de eso, viene una actitud de alabanza a los tipos que se pechean, que se van a los puños por la razón que sea. Pasa en un campo de fútbol frente a miles de hinchas, en transmisiones de tv para muchas personas en el mundo. ¿Con estas actitudes estamos entrando en una forma más de revalidación y de aprobación de la violencia y por qué no, del machismo campante y rampante que se ve en este sector del planeta? ¿Son necesarias esas actitudes para revalidar la hombría de jugadores e hinchas? ¿Necesitan de la violencia? ¿Para qué? ¿Por qué?

Aplaudir estas cosas es aceptar que la guachada y la violencia sean la forma “correcta” y “divertida” de que personas profesionales, que viven del fútbol, resuelvan sus diferencias o sencillamente y peor aún, manifiesten su descontento por resultados adversos, actitudes de otros o de canalizar su baja tolerancia al fracaso. Es «normalizar» (término tan usado hoy en día en redes sociales) que esa es una forma de resolver situaciones de cualquier tipo de tensión en el deporte. Se va al carajo eso de que el deporte es para unir y acercar a los pueblos, y de paso, es reforzar eso de que el fútbol puede ser el deporte en donde más se ven actos anti fair-play, por la actitud sucia de muchos de los jugadores.

No comparto que nuestro sello ante el mundo como fútbol latinoamericano esté en cejas y narices rotas por codazos o en patadas voladoras que se dan en peleas absolutamente grotescas. La chispa sudamericana en el fútbol está en por ejemplo, que un tipo como René Higuita le haga un gol de tiro libre a Germán Burgos de tiro libre y que con ese gol, su equipo, Atlético Nacional, haya pasado a jugar una final de Copa Libertadores. O más común aún: esos goles de último minuto que se dan por montones en cada edición de la Copa Libertadores, tras la búsqueda incesante de los jugadores por no quedarse por fuera de “la más deseada” (¿?), retomando lo que mencionaba arriba sobre la actitud copera.

Este escrito no tiene intención de compartir un mensaje de superioridad de ningún tipo, ni tampoco es para sentirse mejor que quiénes creen que esas cuestionables actitudes hacen parte de nuestro sello sudamericano (quizás sí lo son) y que por ende, es hermoso y bello el torneo. Ojalá sí invitar aunque sea a pensar que es hora de replantear nuestra identidad ante el mundo o mejor aún, sobre lo que queremos proyectar ante los otros continentes y entre nosotros mismos como latinoamericanos que seguimos al fútbol.

Pueden desaparecer las acciones bárbaras, desobligantes, riesgosas, incitantes a la violencia y estoy seguro, que el fútbol sudamericano no va a perder su “estatus” de único y particular. Al contrario: va a dar un salto de calidad que haría que se confirmara en su condición de único en el mundo. 2018: hace rato era el momento de replantear estas cosas, pero por más que estemos quedados, está bien empezar a hacerlo y ojalá, a actuar. Desde las hinchadas, desde las comunicaciones, desde el mercadeo pero sobre todo, desde lo dirigencial y el desarrollo del juego.

 

Juan Camilo Caycedo

Profesional en Ciencias del Deporte – U.D.C.A.

Twitter: @meazza1990_

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* si está en desacuerdo, de acuerdo o quiere compartir su opinión conmigo, arróbeme en Twitter sin problema y hablamos con respeto, como personas con cédula. En para eso es esto.

 

ANDRÉS, ETERNO #2

No es cuento, no es porque lo asesinaron: Andrés Escobar Saldarriaga sí era un tipo diferente. Como jugador era muy técnico, elegante y no daba media por perdida. Como persona, lo que se veía desde el televisor o desde la tribuna, siempre se vio como un tipo decente, respetuoso, de esos mediadores en medio de las trifulcas.

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Andrés Escobar canta el himno, en el partido debut de Colombia vs Emiratos Árabes Unidos en el mundial de Italia 90.

Ese sábado 2 de julio, a mis 10 años, despertando en casa de mi abuela y viendo la conmoción en muchas caras por lo sucedido, empecé a entender la realidad difícil de un país cómo este.

Tengan claro que no fue por el autogol. No fueron “apostadores”. Fueron los hermanos Gallón Henao, narcotraficantes que en ese momento tomaban el control de la mafia en Medellín tras el asesinato de Pablo Escobar, y que en medio de esas ganas de hacerse sentir, le cobraron no haberse asustado frente a los insultos que le tiraron en ese bar (1). Esos tipos eran cercanos a los hermanos Castaño y a un político que hoy para muchos, es el «redentor» de este país amnésico cuando le conviene.

¿Andrés qué hizo esa noche? NADA. No huir, poner la cara, intentar vivir como cualquier ciudadano que ante los insultos, hace resistencia y no da su brazo a torcer. Le costó caro pero así cueste aceptarlo, murió siendo él.

Siempre grande el eterno #2

  1. Velásquez, C. (1995). Andrés Escobar: En defensa de la vida. Bedout Editores.

 

 

Juan Camilo Caycedo

PROFESIONAL EN CIENCIAS DEL DEPORTE – U.D.C.A.

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GRONDONA -borrón- Y CUENTA NUEVA

En Colombia somos muchos los que le hacemos fuerza a Argentina, no somos pocos. Nos gusta su -hoy decaída- liga, también la calidad técnica de sus jugadores, lo ligado que está el fútbol a su cultura y lo que eso implica: un pueblo absurdamente vinculado directa o indirectamente al fútbol desde el barrio mismo, así sea para ir a clases de natación por salud al club más cercano.

No es gratuita esa influencia y ese gusto por el fútbol argentino en Colombia, ya que en la historia del fútbol profesional colombiano han sindo fundamentales para el desarrollo de nuestro fútbol. Desde los inicios en el Santa Fe que fue primer campeón, la era de El Dorado liderada por el maravilloso Alfredo Di Stefano en Millonarios, las décadas de los 70´s y 80´s llenas de jugadores talentosos y aguerridos, pero sobre todo, de entrenadores de ese país que han hecho escuela y han marcado un camino en la realidad de nuestra identidad. Entran en esa lista y sin orden de jerarquía Fernando Paternoster (primer entrenador de la Selección Colombia en 1930), Adolfo Pedernera, Adolfo «Pancho» Villegas», Osvaldo Juan Zubeldía, Miguel Ángel López, Carlos Bilardo, Gustavo Costas, Miguel Ángel Russo y Néstor Pékerman, actual entrenador récord de la Selección Colombia de Mayores.

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Carlos Bilardo: entrenador argentino que marcó un camino en Colombia dirigiendo al Deportivo Cali y a la Selección Colombia en los 80´s (foto tomada de http://www.wradio.com.co)

Le imprimieron disciplina táctica al juego técnico pero desordenado del fútbol colombiano, lograron contagiar con mensajes sobre hábitos de vida enfocados hacia el profesionalismo en sus dirigidos y como mezcla de todo eso, surgieron entrenadores colombianos que marcaron una era importante en nuestro fútbol. Nuestro gusto futbolístico por Argentina no es solo influencia de la globalización que nos permite tener ESPN y Fox Sports Argentina, no. Es que hacen parte de nuestra historia y nosotros, el fútbol colombiano, también somos parte de la suya, desde hace 3 décadas, al menos de forma protagónica. Nuestros jugadores empezaron a ir masivamente al fútbol argentino, inicialmente, como una gran vitrina para el fútbol europeo y también como un paso casi que obligado para que los nuestros aprendieran a vivir con modos diferentes y que al llegar a Europa a jugar con clubes de ese continente, el cambio no fuera tan brusco y por ende, su rendimiento fuese el mejor posible. Parte de ese proceso fue liderado por Albeiro Usuriaga, quién la rompió en Independiente de Avellaneda principalmente, Faryd Mondragón, ídolo también de Los Diablos Rojos, los tres colombianos de la era más exitosa de Boca Juniors, Córdoba, Bermúdez y Serna, los dos cracks de River Plate que ganaron títulos importantes a nivel local  como Mario Yepes y Juan Pablo Ángel, el destacadísimo papel de Iván Ramiro Córddoba en San Lorenzo de Almagro, club en el que ya había triunfado un colombiano décadas atrás: Efraín «El Caimán» Sánchez y así, de ahí en adelante, muchos ejemplos más, como Radamel Falcao con River Plate y James Rodríguez con Banfield.

En ese sentido, es normal y no descontextualizado sentir cariño o afinidad por el fútbol argentino y por su Selección, eso sí, siempre después de la de Colombia.

Partiendo de eso y también al margen de vínculos personales que me han tenido ligado a ese país, nace la intención de escribir sobre la debacle vista hoy en Rusia 2018 al «mando» de Jorge Sampaoli.

Lo que sucedió se venía aplazando desde hace muchos años, ¿saben por qué? Porque esa cultura futbolera de ese país, que al lado de programas de formación  muy bien estructurados en muchos clubes deportivos en toda Argentina, han formado jugadores de alta calidad que han llegado a los equipos profesionales de ese país o incluso han debutado en otros, han sido invitados a jugar con la Selección Argentina en cualquiera de sus categorías y han permitido sostener al menos, asistiendo a mundiales y siendo protagonistas en algunas de las competiciones internacionales de selecciones. LA cultura y el fútbol base sostienen hoy al fútbol argentino, no sus dirigentes.

La megaestructura cultural del fútbol argentino produce el talento, le fluye y le seguirá brotando, pero el problema está en la «cúpula» de mando de ese fútbol argentino: la AFA (Asociación de Fútbol Argentino). Paradójicamente, la AFA tiene a la ATFA (Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino), organización reconocida mundialmente por los cursos que dicta para certificar a entrenadores de todo el mundo pero hoy, careció de eso: de un entrenador con carácter y el talante necesario para asumir la responsabilidad de liderar a esa selección.

Tuvieron por tantos años a un tipo nefasto como Julio Grondona, amañado en el poder, sin producir cosas pensando en el futuro sino en el futuro inmediato, priorizando el interés particular por encima del interés común en el fútbol de ese país. El tipo hizo y deshizo, escaló pronto en la FIFA y mientras eso pasaba, Argentina veía pasar grandes jugadores, con DT´s no tan acordes al nivel de sus jugadores (Maradona en 2010, por ejemplo) y fueron perdiendo oportunidades de oro en la mayor cita mundialista. Mientras tanto, el trabajo de inferiores que con tanto cuidado y excelentes resultados construyeron  Nestor Pékerman y su co-equipero, Hugo Tocalli, fue totalmente desmantelado y entregado a personas que no tenían el mismo bagaje ni experiencia que estos dos históricos de ese fútbol. El fondo se tocó cuando las inferiores de las selecciones de Argentina llegaron ni más ni menos, que a un hijo de Julioo Grondona: Humberto «Humbertito» Grondona. Dice siempre Maradona al referirse al hijo del viejo Grondona «te la pasa con la mano, viejo!», refiriéndose a que Grondonita es un tipo que no sabe de fútbol.

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Nestor Pékerman y Hugo Tocalli: dos históricos del fútbol argentino, campeones mundiales de categorías juveniles y responsables de formar a los mejores jugadores de los últimos tiempos en ese país (foto de www.elequipo-deportea.com)

Las selecciones menores perdieron el rumbo, sin embargo, la de mayores se encontró con un fenómeno que bien pudo haber sido para España y no para Argentina, como Lionel Messi pero que con el corazón en la mano, finalmente jugó para donde su corazón latía: la albiceleste. Lo han rodeado muchos jugadores exitosos en los principales clubes de América y Europa, así como Messi los ha cobijado a muchos que no se entiende cómo han llegado a estar representando a Argentina, pasando por encima de muchos jugadores que sí lo merecían. Se muere el viejo Grondona, habiendo hecho reformas a la liga argentina pensando netamente en los bolsillos de unos pocos y de él, obviamente, habiendo dejado un desorden del que hoy en día aún pagan las consecuencias, habiendo salido invicto del FIFA Gate (porque se desata cuando el corrupto ya está muerto) y el fútbol de Argentina hoy lo padece. Padece las consecuencias del padrinazgo irresponsable y desmedido.

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Julio Grondona, fallecido ex-presidente de la AFA, dirigente de FIFA y gran responsable de la debacle del fútbol argentino (foto tomada de http://www.publimetro.pe)

Han llegado a finales, las han perdido y el adn ganador, del que tanto se vanaglorian se perdió: desde Alejandro Sabella, entrenador que los llevó a la final del mundial 2014, no se ha visto a un equipo de mayores de ese país con esa identidad que nos compartieron y de la que tiraron semillas en Colombia: de una mezcla mágica entre garra, amor propio, disciplina táctica, juego sinérgico y mucha habilidad técnica con el balón. De eso ya no abunda en Argentina y sí se han visto a muchos entrenadores confundidos, sin saber qué hacer con el equipo. No saben como aprovechar a Messi en el campo o si lo llegan a saber, no se refleja en el juego. Pasaron Gerardo «Tata» Martino, Edgardo «Patón» Bauza y terminó el equipo en manos de Jorge Sampaoli, un tipo exitoso en clubes de Perú y Chile, y también, ganador con la Selección Chilena. Un tipo de equipos netamente ofensivos. Pero se les olvidó algo a los dirigentes algo que también perdió el rumbo en esa selección: el manejo de grupo. Todos estos de los que hablo que hacemos fuerza por Argentina, hicimos doble fuerza en la clasificación a Rusia 2018: por Colombia, para clasificar en Lima y por el partido de Argentina en Ecuador. Parecía que Argentina repentinamente cobraba memoria histórica pero no, llegaron los amistosos y se empezó a ver un equipo absolutamente desorientado y en el que Messi rara vez podía marcar diferencia. Llegó el mundial, todos con la expectativa del «este mundial es el de Messi», por su madurez, por su momento en Barcelona tras una magnífica temporada, llena de récords y sin saturaciones en carga de partidos, pero el equipo sucumbió. Salieron a flote las diferencias entre el entrenador y los jugadores, pulso que ganaron los segundos, obviamente. Los dirigentes, esos tipos que en medio del desorden que dejó Grondona se tomaron el poder y no tienen idea qué hacer, lavándose las manos y respaldando a los jugadores y no al entrenador que ellos mimos contrataron. Esos dirigentes que medio tienen idea de cómo hacerlo bien, terminan aburridos y se van o terminan contagiados se la dinámica, bien sea para trabajar en la misma forma de siempre (beneficiando lo particular sobre lo común) o para no hacer parte de, dar un paso y seguir en sus clubes.

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Lionel Messi celebrando el único gol que marcó en Rusia 2018 (foto tomada http://www.bbc.co.uk)

Argentina se fue con amor propio de Rusia 2018, luchando e intentando hacer respetar su historia y lo que implica vestir esa camiseta, eso es innegable. Pero considero, con mucho respeto, que esa forma de «meter» en el fútbol ya cambió: ya no es suficiente con bravear y barrerse. Ya no es suficiente con discutir todas las decisiones del juez. Ya no es suficiente con pegar a los rivales. El fútbol de hoy necesita de eso un poco, pero sobre todo, de una disciplina táctica grupal que requiere mucho compromiso y concentración, exige mucho respeto por lo que predica el cuerpo técnico y pide a gritos que se deje todo en la cancha, pero aportando desde lo colectivo y no pensando en el rol protagónico individual. Todo lo contrario a lo que viene haciendo Argentina desde hace varios años, en donde salvo a excepción del trabajo hecho por Alejandro Sabella, los entrenadores se han dedicado a jugar para Messi y no en armar un colectivo que potencie a Messi y no que le tire toda la responsabilidad a uno de los mejores de la historia. Eso hizo Bilardo en el 86 y por eso Maradona fue lo que fue, al margen del talento excepcional que era el hoy impresentable «hincha» que se ve en los estadios de Rusia.

La responsabilidad de la debacle tiene porcentajes repartidos, pero es de todos, incluso del mismo Messi, porque en medio de esa falta de carácter de muchos de sus entrenadores y lo flexible que fue Grondona con los jugadores para quedar bien y no generar resistencia, el mismo Messi fue forjando una dinámica en donde tuvo capacidad de decisión sobre cuáles jugadores eran parte del grupo y cuáles no. Eso lo hace incluso más responsable que de la falta de respuesta anímica que muchas veces se le ve en la cancha. Messi entró en el juego de una dinámica que sembró Grondona y de la que hoy, tiene que librarse el fútbol argentino para volver a ser lo que fue.

¿Soluciones? Listo, juguemos a tirar ideas: Lo primero, salir de Sampaoli, razones sobran. Lo segundo, elegir a un entrenador competente no solo en conocimiento sino en liderazgo. Lo tercero, seguir en el camino que empezaron hace poco al involucrar a tipos como Pablo Aimar y Diego Placente en las inferiores de las Selecciones de Argentina. Lo cuarto, organizar la liga de primera división como una liga seria, con calendario acorde al espectáculo y no a la venta de publicidad y consumo de cable. Lo quinto, alejar en lo posible a esos «tumores» ligados a Julio Grondona. Lo sexto y fundamental: Que Messi cambie el chip en la forma que asume el liderazgo fuera del vestuario, respetando al DT y que por favor, no renuncie a la Selección de Argentina. Es uno de los mejores del mundo y ante la crisis, TODOS deben aporta, incluso él. Que aporte reflexionando y no renunciando.

Que siga vivo el fútbol argentino por el bien del fútbol del mundo.

 

Juan Camilo Caycedo

PROFESIONAL EN CIENCIAS DEL DEPORTE-U.D.C.A.

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JOSÉ CUADRADO E IZQUIERDO, DON JOSÉ, POR FAVOR.

El mundial de fútbol es un evento que en la sociedad colombiana se vive con intensidad y mucha pasión. Eso implica que, entre muchas cosas que pasan en esos días, ridículamente el ánimo del grueso de la sociedad nacional en época mundialista esté sujeto al desempeño de nuestra selección nacional en el mismo. Bien decía la gran periodista Claudia Morales en un tweet, que lo único que nos une en ese país es el fútbol.

Claudia M Tweet

Va uno a ver y sí (al menos mayoritariamente, porque ni en esas logramos consenso absoluto). Peor -¿o mejor?- aún, si recordamos que el mundial está en plena época electoral, sobretodo si hay segunda vuelta en las elecciones presidenciales (cómo espero que haya este año). No queremos saber mucho de lo que pasa con la política o si queremos saberlo, el fútbol es una linda forma de hacernos los pendejos por un ratico con tanto escándalo, tanta vergüenza y tanta indignación junta que produce este pedazo de tierra.

En medio de ese contexto, el listado de convocados al mundial por el entrenador de la Selección Colombia cobra mucha importancia dentro de esa categoría de «banalidades muy importantes», esas que en algunos casos dejan de ser banalidades y toman forma de seriedad absoluta. A José Pékerman muy a pesar de eso, le importa cinco centavos, él hace la suya. Es tan «la suya» que se volvió costumbre que en los días de publicación de las distintas convocatorias, el cacareo de los distintos periodistas por no tener la lista temprano se hace sentir en los distintos medios de comunicación y redes sociales. Lo curioso es que con «Don José» casi 7 años al frente, no se acostumbren. Qué quejadera tan cansona, por cierto.

Para el mundial de Rusia 2018 no fue la excepción: la publicó en la tarde, después del almuerzo, cuando seguro muchos estábamos llenos de CO2, medio adormilados en ese festivo. Todos nos despertamos de inmediato, seguramente también. Dentro de los 35 pre-citados (es decir, que son el grupo en el que se basará la decisión de los 23 finales que irán al mundial), fueron más los nombres de asentir con la cabeza, porque se esperaban, que los sorprendentes (1). Entre esas pocas sorpresas están:

  • Iván Arboleda, arquero de 22 años de Banfield de Argentina y que es una revelación, ya que a pesar de que a su equipo no le fue muy bien, su desempeño fue muy bueno. En horabuena que aparezca un arquero muy buen y tan joven.
  • Sebastián Pérez fue otro de los que sorprendió al estar en el listado, ya que estuvo lesionado por varios meses y solo al final del torneo argentino, pudo jugar partidos con Boca Juniors. Él fue clave en un tramo de la eliminatoria.
  • Teófilo Gutiérrez fue clave en el proceso a Brasil 2014, fundamental e incluso lo fue en el tramo inicial de la eliminatoria a Rusia 2018. Con el paso del tiempo se fue apagando en medio de su inestabilidad contractual, que siempre estuvo moviéndose de un club a otro. Volvió a Junior y contrario a lo que muchos pensábamos, «Teo» se estancó en nivel de rendimiento y adicionalmente estuvo envuelto en escándalos extrafutbolísticos que no lo dejaron muy bien parado (con justa razón). La sorpresa está en que su actual nivel de rendimiento deja mucho que desear. Aún así, Pékerman lo tienen en cuenta en el grupo de 35.

El resto, todos son jugadores que desde la lógica no son sorpresas y se han ganado a pulso estar en ese listado. Sí, incluso Farid Díaz.

Ahora bien, como es apenas lógico, empezamos todos los que nos interesamos por el fútbol a hacer nuestra lista de 23. En ese «prestigioso» grupo estamos los hinchas, la prensa deportiva y la no deportiva (porque algunos también se suman). Arrancan esos hermosos debates de por qué sí y por qué no ciertos jugadores. Entramos en ese rol que nos acerca y nos distancia por momentos, pero que hace parte de los fenómenos que se desencadenan a partir del mundial de fútbol, sobretodo, cuando «la tricolor» está clasificada.

Hay dos debates fuertes y son sobre los que quiero sentar una respetuosa posición y que se entienda como lo que es: una más. No lo hago a manera de verdad absoluta. Dichos debates se centran en quién debe ser el tercer arquero del grupo de 23 y también, si debe ir José Heriberto Izquierdo, jugador del Brighton & Hove Albion Football Club de la English Premier League de Inglaterra o no.

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A la izquierda, Jose Heriberto Izquierdo celebra un gol con su club de la Premier League de Inglaterra, el Brighton FC (foto tomada de http://www.elheraldo.co).

Las polémicas.

  • La retaguardia.

David Ospina es el arquero titular, lo ha sido durante varios años y en eso hay consenso, a pesar de que ha tenido bajones de rendimiento con la Selección y de que ha tenido poca continuidad en su club (Arsenal de Inglaterra). En grandísima parte por mérito propio y en otra, porque increíblemente el fútbol colombiano entró en una etapa de «no producción» de arqueros que marquen diferencia a nivel internacional. Pasamos de la etapa de Higuita, Pazo, Córdoba, Mondragón, Calero, etc., a solo Ospina como referente. Eso no quiere decir que no hayan buenos porteros, pasa que tuvimos tan buenos, al mismo tiempo y por varios años, que la vara quedó muy alta y los que no llegan a ese nivel pronto, nos parece que no sirven. Somos un poco duros, me parece, pero es entendible, nos mal acostumbramos con esos salvajes que tuvimos el privilegio de tener.

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David Ospina: amo y señor del arco de la Selección Colombia desde hace varios años (foto tomada de http://www.Peru.com).

En medio de eso, Camilo Vargas ha sido un gran prospecto de arquero con futuro, de gran y exitoso rendimiento en Santa Fe, de un paso medio raro por Nacional y Argentinos Juniors y desde hace unas temporadas, en lo que parece ser un afianzamiento en el Deportivo Cali, con sus altos y bajos, pero ratificando que es un gran arquero. Ese digamos, desde la lógica, es el segundo portero de nuestra selección de cara a Rusia 2018, sin puesto asegurado en caso de una lesión de Ospina, diría yo. Las pocas veces que ha actuado de titular, ha tenido una aceptable presentación y es obvio, llenar ese mega espacio que crea Ospina no debe ser una cosa fácil.

El tercer arquero por rendimiento en el Fútbol Profesional Colombiano, por experiencia y porque ha sido parte de los procesos de la Selección, así fuese de forma esquiva, es José Fernando Cuadrado, actual portero del Once Caldas. Cuadrado ha madurado, ha sido vital para que el Once esté donde está, peleó octavos de final, salvándose del descenso. Los ha salvado Cuadrado y mucho, hay que ser sensatos (deberían hacerle estatua en El Cable, mínimo). Cuadrado ha tenido también regulares actuaciones con la Selección cuando se le ha dado la oportunidad y como se ha dicho con Vargas, también es entendible por las mismas razones: están llenando un espacio muy grande, ese que deja el gran David Ospina.

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Jose Fernando Cuadrado (izquierda) en entrenamiento de la Selección Colombia junto a Camilo Vargas (derecha) y el preparador de arqueros, Eduardo Niño (foto tomada de http://www.miseleccion.co)

Muchos dábamos por hecho que estos eran los 3 del mundial pero apareció una «Pekermanada» y fue la inclusión de Iván Arboleda como opcionado entre los 35. Arboleda jamás ha hecho parte de este proceso de Selección. Algunos con razón, ponderan a Arboleda por encima de Cuadrado, argumentando que Iván es joven, tiene un futuro inmenso, es talentoso, rápido, acertado y tuvo una gran temporada en un torneo competitivo, como lo es el argentino (muy a pesar de su decaída). A eso le suman que está bajo la dirección técnica de Julio Cesar Falcioni, uno de los mejores arqueros que ha tenido el Fútbol Profesional Colombiano en su historia, que brilló en el América de Cali, es ídolo y que hoy es DT de Banfield. «Algo» debe saber Julio Cesar, eso seguro y tenerlo como entrenador en una etapa de consolidación, debe dar un plus, eso no se duda. Pero aquí empieza lo bueno y voy sentando posición: muy a pesar de todos esos argumentos, todos válidos, yo me inclino por que José Fernando Cuadrado sea el tercer arquero.

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Ivan Arboleda, arquero de Banfield de Argentina y opcionado a ser parte de los 23 de Colombia para Rusia 2018, sin haber sido parte del proceso antes (foto tomada de http://www.pulzo.com)

¿Por qué?

No es una tesis doctoral para argumentarlo y es una lógica que aplico como entrenador y profesional que soy en el área: si se va a un mundial de fútbol, se debe llevar a los mejores, a los que vengan de una buena temporada, que tengan experiencia profesional, que mentalmente tengan «cayo» ante el fracaso y hayan recorrido lo bueno también, que conozcan el grupo, que hayan viajado con él y sobretodo, que puedan generar competencia con el que hipotéticamente es el segundo arquero, Camilo Vargas.

José Fernando Cuadrado le genera más presión a Camilo Vargas que el mismo Iván Arboleda, seamos sensatos. Un arquero relajado puede llevarse sorpresas, ni siquiera porque se relaje conscientemente, a veces los deportistas pueden tener certeza de ciertas cosas y por más que lo intenten conscientemente, cuando saben que tienen algo asegurado como en este caso Vargas su puesto como segundo, vienen las debacles. Pero como no estamos en las épocas gloriosas en donde los 3 arqueros podían ser Oscar Córdoba, Fayrd Mondragón y Miguel Calero, todos extraterrestres, sobre todo líderes y con una fortaleza mental excepcional, a estos dos toca empujarlos y trabajarlos mucho, técnicamente pero sobretodo psicológicamente. Que se la crean. ¿Cómo? A partir de la competencia entre ellos, que se saquen chispas entre Vargas y Cuadrado por ganarse ese segundo puesto. Eso automáticamente va a subir el nivel de cada uno, de los porteros como grupo y de paso, el de sus compañeros, porque meterles golecito en entrenamiento ya no va a ser tan fácil, ¿no? Eso cuenta.

Con Arboleda eso no pasaría y no porque se menosprecie el talento que tiene, sino porque dentro de esas dinámicas, digamos que no es un «par», es el nuevo y eso hace una gran diferencia. Es más, no es porque sea el nuevo en lo absoluto: es porque es el nuevo que llegaría en pleno mundial. De hecho voy a mencionarlo y aclaro que yo a José Pékerman lo apoyo hasta el final, pero dentro de sus pocos desatinos ha sido, contrario a lo que su experiencia dice en selecciones argentinas, el mal manejo que le ha dado en la forma de incluir a nuevos jugadores y especialmente a los jóvenes, caso más específico, Stefan Medina. «El Profe» mandó a debutar a Medina en el partido más difícil que tiene Colombia en las eliminatorias sudamericanas, en Montevideo vs. Uruguay, de lateral derecho, en una penúltima fecha de eliminatoria, con ambos equipos jugándose el cupo a Brasil 2014 y en donde desde lo táctico, el supuesto respaldo que debía tener Medina (jugando como lateral derecho) era el de Cuadrado, que jugaba más adelante por la misma punta y que lamentablemente, no apareció como respaldo en lo absoluto. Ese solo partido llenó de desconfianza a Medina y de ahí en adelante ha sido motivo de bullying por gran parte de las personas que siguen a Colombia (obvio, también cuenta que era de Atlético Nacional en ese momento, un equipo que genera envidia y rabia si se quiere en Colombia). También le pasó a Helibelton Palacios vs. Argentina en esta eliminatoria a Rusia 2018, que debutó en ese partido de local y le fue muy mal, a pesar de ser un jugador con gran rendimiento en el Deportivo Cali en ese momento. Esos son dos casos en lo que Pékerman le ha dado mal manejo a la inclusión de las nuevas figuras y muchos dirán que «no tienen casta y que así lo ha hacía él en Argentina», probablemente, pero Argentina es otra cosa muy diferente a Colombia.

En ese sentido, por protección del mismo Arboleda, yo sí creo que quién debe ir es Cuadrado. El fútbol es una locura y puede pasar cualquier cosa, que Ospina se lesione, lo expulsen, lo sancionen por varios partidos y tenga que jugar el segundo, y es ahí, en donde creo que deben estar dos porteros del nivel de Vargas y Cuadrado compitiendo sanamente y poniéndose la vara cada vez más alta entre ambos.

A Arboleda hay que incluirlo desde el primer partido del proceso a Qatar 2022 sin dudarlo, ya la inclusión en los 35 de Rusia 2018 es un gran estímulo para él, un reconocimiento y un «seguí así, pibe» por parte de Pékerman, ni más ni menos, pero protejámoslo. Ese señor tiene pinta de ser el próximo arquero titular de la Selección Colombia y también sin exagerar, apuntemos el nombre de Álvaro Montero, actual arquero del Deportes Tolima y quién ha tenido un paso por el fútbol de Brasil y Argentina. Vienen buenos tiempos en la retaguardia, pero paso a paso.

La izquierda de Izquierdo que es diestro.

José Heriberto Izquierdo es otro que a pulso se ganó ese espacio dentro de la Selección, estar entre los 35 y que muchos lo tengamos como jugador intocable dentro de los 23, es un mérito a pulso. Este jugador empezó en el alicaído y glorioso Deportivo Pereira (equipo de su ciudad) en la B del Fútbol Profesional Colombiano, pasó al Once Caldas y desde que debutó, se vio que tenía otra velocidad y sobretodo, la mezcla divina: velocidad y técnica con el balón. Ni terminó la primera temporada con el Once y se fue al Brujas de Bélgica y la rompió con honores. Pudo ser campeón, revelación del torneo belga y tras dos temporadas destacadas, se fue al Brighton FC de la Premier League de Inglaterra. No es un equipo que pelee cosas grandes, de hecho estaban intentando mantenerse en esa categoría, ese era su gran objetivo pero no lo lograron, pero aún así Izquierdo tuvo una gran temporada, sobretodo de la mitad en adelante, ya que al inicio le costó la adaptación y eso se veía en la cancha. Marcó goles, muy bonitos, se convirtió en referente de su equipo y compitió a la par con los mejores equipos de esa liga, a pesar de que su equipo descendió. Su primer llamado fue antes de cerrar su contratación con el equipo inglés y en su segundo partido marcó gol, entrando desde el banco en un partido amistoso vs. Camerún. No le pesó ni cinco. Desde ahí ha tenido minutos en amistosos de la Selección Colombia y con claridad, Izquierdo se ha ido afianzando y con su velocidad, remate de larga distancia, capacidad de desequilibrar en velocidad y en el hombre a hombre, es hoy uno de los que mejor nivel tiene de los jugadores de élite del equipo colombiano.

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Foto del segundo partido de Izquierdo con Colombia, en el que marcó su primer gol con la Selección Colombia, en un amistoso vs. Camerún (foto tomada de http://www.gol.caracoltv.com)

La gran pregunta es: ¿por quién entra Izquierdo en la lista de 23?

Muchos dan como fijos en el medio y en el frente de ataque a Carlos Sánchez, Abel Aguilar  (a pesar de las críticas y su bajo nivel), Matheus Uribe, Wilmar Barrios, Juan Fernando Quintero (quién se ganó el puesto con su nivel en River Plate en este semestre), James Rodríguez, Radamel Falcao, Luis Fernando Muriel y a Carlos Bacca.

Se ponen en duda a Giovanny Moreno, a Edwin Cardona (por su sanción en partidos amistosos), a Miguel Ángel Borja, a Yimmy Chará y a Dúvan Zapata. De todos ellos, quiénes en realidad compiten con Izquierdo son Edwin Cardona, porque ha sido utilizado por la izquierda haciendo línea de 3 en la zona de volantes o de media punta por esa misma zona, Giovanny Moreno, quién con pocos minutos en su retorno -tardío- ha cumplido las misma funciones del sancionado Cardona y el otro es Yimmy Chará, que a pesar de jugar por derecha, es con quién aparentemente se juega el puesto el pereirano.

Si es entre Chará e Izquierdo sin dudarlo y sin titubear, Izquierdo gana la pulsada por su nivel en la temporada, por el nivel de la liga en la que sobresalió (la inglesa, ni más ni menos), porque en los minutos que ha tenido con Colombia los ha aprovechado y se nota que es un jugador al que no le pesa la camiseta, ha entrado con personalidad y hambre de ganarse un lugar, y desde lo netamente técnico, Izquierdo es un jugador derecho, que juega por izquierda. Eso es una ventaja porque representa un desquilibrio natural por esa banda y también, como una eventual alternativa de Juan Guillermo Cuadrado, puede pasar a jugar por derecha, que es el lado de su pierna natural.

Chará tuvo un inicio de temporada con un nivel altísimo pero como el resto de su equipo, se fue apagando y este semestre no ha sido el mejor para el talentosísimo jugador caleño. En esa balanza de la competitividad del día a día, pierde Yimmy al jugar en el fútbol colombiano, ya que su competidor, lo hace en una liga mucho más competitiva.

Se dice que Muriel tiene asegurado el puesto, por ende por izquierda José Heriberto sería alternativa y un gran complemento para James Rodríguez.

Para cerrar, algo que ya hemos naturalizado y de lo que no somos muy conscientes los hinchas del fútbol en Colombia es que hoy, como nunca antes, tenemos una cantidad de jugadores de gran nivel, de recorrido en el exterior y que nos permite darnos ese lujo de dejar por fuera a grandes jugadores. Eso no pasaba antes y no sobra mencionar esa «obviedad», sobretodo, para empezar a engomarnos con este mundial con los pies en la tierra y no olvidar que nuestra selección es una que está en crecimiento, respetada y admirada, pero no estamos en la obligación de pasar a semifinales ni ninguna de esas cosas que ya están diciendo algunos periodistas deportivos. Hay que ubicarse, se debe ir a ganar, pero con humildad, con mucha más de la que se tuvo en Brasil 2014 y que nos permitió hacer nuestro mejor papel en citas mundialistas.

Hay con qué, en jugadores y en el cuerpo técnico, así algunos «gurús» lo nieguen todos los días. Los hinchas también sabemos de fútbol y no poco. Y hay que apoyar al equipo, a los que sea que vayan. Siempre.

Links a leer.

  1. Lista de 35 jugadores de la Selección Colombia: http://www.goal.com/es-co/noticias/la-lista-de-35-convocados-de-la-seleccion-colombia-para-el/14gzv5wxgunhy1klvfsi2l2xkz

 

Juan Camilo Caycedo

Profesional en Ciencias del Deporte – U.D.C.A.

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LA SENSATEZ: DIVINA HERRAMIENTA.

Después del bochornoso incidente ayer en Medellin tras la victoria 1-2 de Millonarios sobre Atlético Nacional, correspondiente a la Superliga 2018, las redes sociales, programas radiales y televisivos se han vuelto las fuentes y medios para que hinchas de los dos equipos, aficionados del fútbol, no aficionados y periodistas emitan sus respectivas opiniones frente a ese lamentable suceso.

Para quiénes no lo tienen claro y para quiénes quieren recordar lo que la transmisión de televisión registró:

Millonarios se disponía a celebrar, se abrazaron, saltaron, cantaron, recibieron su trofeo y continuaron la fiesta, como suelen hacer todos los campeones en cualquier rincón del planeta. En un momento, decidieron ir a dar la vuelta olímpica, con trofeo en mano y un letrero que aparentemente era un cheque que hacía parte del premio que ganaron por ser los campeones. En medio de esa vuelta, pararon en el arco sur del Estadio Atanasio Girardot, se quisieron tomar una foto grupal con el trofeo y el cheque, pero de inmediato viene el que según las redes sociales, es Felipe Ospina, uno de los líderes de la barra más grande Atlético Nacional, llamada «Los Del Sur». Ospina se ve increpando a los jugadores de Millonarios, enojado y eso altera la intención de los jugadores de tomarse una foto con trofeo y cheque. Andrés Cadavid, capitán de Millonarios, va y habla con el líder de la barra verdolaga y lo que se ve es que el enojado hincha, se aleja y Cadavid también vuelve a donde sus compañeros y se van retirando de la cancha sur, en un contexto de confusión e insultos, también por parte de otros hinchas que estaban detrás del arco sur del Atanasio. Todo mal.

Hay posturas de todos los olores, colores y sabores, obviamente. Este espacio de opinión es una postura más y que es bueno que se sepa, se hace sin camiseta de algún equipo puesta y también, sin regionalismos (regionalismos que para quién escribe, son gran parte de ese cáncer llamado «violencia en el fútbol colombiano»).

Para poder explicar esa postura sin camiseta y sin regionalismo, empezaré con el raciocinio lógico básico del desarrollo de un evento deportivo: quiénes deben estar en el campo de juego, aún habiendo terminado el partido, son los jugadores, miembros del cuerpo técnico de los equipos, jueces, periodistas autorizados, delegados de la organización y el ente rector, personas pertenecientes a la publicidad del evento, «recoge-bolas», directivos, policía nacional y los miembros de la logística contratada por el club que hace de local. En ningún momento, tienen por qué estar miembros de barras ni ningún tipo de hincha, caso contrario, si son autorizados y van a cumplir un rol protagónico por parte de la organización del evento. Ese no era el caso anoche.

Lo que se ve en televisión, es que Felipe Ospina de forma enérgica y poco amistoso, increpa a los jugadores. ¿Qué les dice? Personalmente, no me da para leer labios y mucho menos para escuchar lo que puede reproducir la televisión. El hecho que sí es notorio es la actitud desafiante y el enojo del líder de Los Del Sur. De Cadavid puedo decir que tampoco tengo idea qué le dijo al líder, pero claramente intentó de forma asertiva o no, intentar calmar a Felipe Ospina.

Partiendo de estos hechos, mi postura es simple y consiste en que casi todos los actores del evento estuvieron muy mal anoche: Atlético Nacional como local y organizador parcial del partido, la policía nacional, la logística privada, los miembros de Los Del Sur que entraron al campo, entre ellos su líder y también, muy a pesar de las distintas posturas en contra que he recibido en redes sociales, los jugadores de Millonarios. Hoy, me parece, que también quiénes asumen posturas con camiseta puesta y sobretodo, con regionalismos, entran a ese grupo de personas que están pifiadas y con honores.

Hechos errados de todo este incidente:

– La pasividad de la fuerza pública para controlar a los miembros de la barra Los Del Sur que invadieron la pista del Atanasio Girardot. Fue absurdamente permisiva la actitud de la fuerza pública y en ese sentido hay que preguntarse: ¿por qué carajos lo fueron?

– La actitud del líder de la barra Los Del Sur, quién primero, no tiene absolutamente nada qué hacer en el campo de juego. Por muy líder que sea, por muy buena relación entre el equipo y la barra que haya, pero son eso: una barra y como tal deben cumplir con los lineamientos que están para ese tipo de organizaciones en el fútbol. Segundo, Ospina, quién en vez de hacer uso de ese liderazgo para intentar hacer volver a los miembros de su barra a la tribuna, centró su energía en ir a decirle lo que sea que les haya dicho a los jugadores de Millonarios. Enfocó mal su liderazgo y ante los ojos de todo el mundo. Algunos -hinchas de Nacional sobretodo- afirman que el líder intentó, enojado y no sé en qué términos, insisto, decirle a los jugadores de Millonarios que no era acorde la celebración frente a la tribuna sur y que se fueran de ahí. En caso de ser así, suena bien su intención, pero el derecho de las cosas es que los hinchas no tienen por qué estar en el campo, así de simple. Para mi, reitero, enfocó al revés su poder y liderazgo, en caso de que haya sido esa la intención.

Si su intención fue increpar e insultar dejándose llevar por el enojo y la frustración de que un rival histórico haya ganado la Superliga en su estadio y hayan celebrado, con foto incluída en el arco sur, amigos, Felipe está pifiado completamente. Como están pifiados todos aquellos que han establecido una serie de «normas» de falso respeto dentro de una cancha y fuera de ella, haciendo valer los colores de una camiseta o un escudo. Esa no es la forma de responder. Es más, si quieren responder, canten, hagan sentir su poder y nulen totalmente ese momento, pero desde la tribuna, su lugar natural.

– Atlético Nacional como organizador del partido fue pasivo también, por tener un esquema de seguridad tan laxo y flexible ante este tipo de situaciones, sobretodo y lo más grave, si es cierto que la seguridad privada es hecha en parte con miembros de la misma barra Los Del Sur. Eso no tiene ningún sentido si se quiere pensar en pro de un fútbol en paz, por obvias razones.

– Los jugadores de Millonarios, los justos campeones, pueden celebrar como lo hace cualquier equipo campeón del mundo: en el campo de juego y dando la vuelta al terreno de juego. Ese es un lindo ritual que jamás se puede perder en el fútbol. Lo que sí considero que sobró y fue en gran parte lo que detonó en ese amargo incidente, es que los jugadores de «Millos»en medio de esa vuelta olímpica, hayan parado justo en la portería sur del Atanasio, con su trofeo y el cheque, a tomarse una foto grupal frente a la barra Los Del Sur, que estaba insultándolos y estaban ya muchos de sus miembros en la pista del estadio. La lógica y el «deber ser» del fútbol y a lo que se supone que debemos apuntar ojalá en un tiempo no muy lejano, es que el equipo campeón pueda celebrar en cualquier espacio de la cancha en la que se jugó el partido, siendo local, visitante o estando en cancha neutra.

Lamentablemente, el fútbol es un deporte que por muchas razones tiene ciertas particularidades y la violencia como fenómeno, hace parte del mismo. Es un cáncer que a veces mejora pero parece empeorar cada vez más. En ese sentido, los jugadores de Millonarios, viendo el ambiente, los insultos, la evidente invasión de la pista por algunos, podían actuar con absoluta prudencia y asertividad, que no se tomaran esa foto justo frente al arco sur del Atanasio Girardot. ¿Por qué? Porque seamos sensatos, por favor: los jugadores de fútbol entienden perfectamente las dinámicas de las barras, lo que les duele, lo que les gusta, lo que les incomoda y aún así, no les importó y fueron a hacerse la foto, en medio de un escenario absolutamente hostil.

Hoy salen muchos hinchas de Millonarios especialmente, incluídos algunos que son periodistas, diciendo que está muy mal que no puedan celebrar tranquilos y que tienen todo el derecho de tomarse la foto donde quisieran. De acuerdo, pero no en ese contexto citado anteriormente. Se sabe y todos los que seguimos el fútbol colombiano lo tenemos muy claro, que hay rivalidades que son más intensas y la de Millonarios y Nacional es una de las más fuertes que hay. Rivalidad, que se incrementó con la lamentable lucha entre carteles de narcotráfico, que tomaron a los equipos como escudo y juguete de poder, desencadenando entre mil fenómenos, que la rivalidad haya mutado en regionalismo futbolero totalmente nocivo.

Está muy bien que al hincha o seguidor de fútbol se le exija tajantemente que se controle, que dé de su parte y se comporte en una cancha o afuera. Perfecto y que así sea hoy y siempre, el «deber ser» del hincha». Pero eso tiene que ser reforzado por los demás actores del deporte, en este caso, por los mismos jugadores de los equipos y miembros del cuerpo técnico. No hay que ser un erudito para saber el poder que tienen los jugadores de fútbol sobre el comportamiento de los hinchas o seguidores, su comportamiento dentro de una cancha de fútbol e incluso fuera de ella, no de forma absoluta pero sí parcialmente, incide de forma importante en los mismos.

Los jugadores de Millonarios bien pudieron haberse ahorrado la foto o al menos, habérsela tomado en otro sector del estadio. Pero no, tenía que ser justo frente a la barra de uno de sus rivales históricos, que en ese momento estaba invadiendo la pista, insultándolos y demás. El problema no es la vuelta olímpica, para ser claros, considero que es más que evidente pero no está de más aclararlo.

– La forma en que algunos periodistas se centran sólo en el comportamiento de la barra y no en las actitudes de los jugadores, hace que el incidente no esté siendo abordado como se debe. La actitud de los jugadores de Millonarios fue pasivo-agresiva y se parece mucho a la de esos niños en los colegios, de primaria, que se pegan, se incomodan, se fastidian el uno al otro y un día uno de los dos hace frente al otro algo que sabe, perfectamente, le incomoda a su compañero. Cuando el incomodado responde, sale el provocador a hacerse el bueno ante la reacción del otro. ¡No jodamos! Seamos serios: acá los que seguimos fútbol y sabemos las dinámicas, que estoy seguro somos la gran mayoría, entendemos perfectamente que eso que hicieron los jugadores de Millonarios fue provocador, con o sin intención, pero provocador al fin y al cabo. Y es importante que los medios lo señalen, por más campeones que sean.

 

Las sanciones a Atlético Nacional deben venir y si aplica, como al parecer lo es, también las sanciones individuales a los hinchas identificados, haciendo valer el proceso de enrolamiento que entró en vigencia desde este primer semestre del 2018 por parte de Dimayor para el fútbol profesional colombiano. Si esta entidad es consecuente y seria, con certeza las sanciones llegarán, de lo contrario, dejaría muchos interrogantes entorno a su compromiso con el fútbol en paz.

Respecto a los jugadores, deben de una buena vez asumir la responsabilidad dentro de la cancha y fuera de ella: en su forma de jugar y de asumir las decisiones arbitrales, en sus declaraciones, en sus formas de asumir la derrota y la victoria. Si los jugadores, miembros del cuerpo técnico y directivos de los equipos logran aceptar (porque yo creo que lo entienden y bastante bien) que son fundamentales para que el fútbol se viva en paz, no dudo que las cosas van a cambiar tajantemente y en pro de lo que la mayoría queremos: que el fútbol sea divertido y sin violencia, que sea pacífico. Mientras no sea así, vamos a seguir viendo bochornos como el de la Copa Fox Sports de pre-te,porada en Bogotá, entre jugadores de Millonarios y América de Cali antes de finalizar el partido, seguiremos viendo las mañas ochenteras de Aléxis Henríquez de Nacional, seguiremos viendo comportamientos poco ejemplares como el de Cardona, Barrios y Fabra en Argentina disfrutando de forma cuestionable su tiempo libre, mientras hacen parte de una concentración de su club y así, mil ejemplos más. Eso no puede seguir, si de verdad se piensa en un fútbol en paz y con todos los actores comprometidos de verdad y que la intención vaya más allá de videos en redes sociales de campañas en pro del rechazo a la violencia. Se debe actuar más y hablar menos.

Los periodistas que son hinchas, son válidos y son siempre bienvenidos porque hacen que se rompan viejos esquemas que no son productivos y que sobretodo, limitan las dinámicas a la hora de podernos relacionar entre hinchas de distintos equipos. Lo que no puede ser válido, si hay un ejercicio serio y responsable de esa profesión, es asumir una postura como periodista, en un medio de comunicación o redes sociales, dejando que prime la pasión por el equipo o el fastidio por un rival. El daño que hace eso es incalculable y no sólo eso, también como sucedió con Felipe Ospina de Los Del Sur, se enfoca de forma equívoca la energía y el poder que podrían tener: cuando los periodistas son sensatos, hacen que las personas al menos reflexionen o piensen, se cuestionen. Pueden invitar incluso a acciones en pro del fútbol en paz. Periodistas que hacen eso también hay y no pocos, por suerte.

Se puede ser hincha de Nacional y ser crítico con hinchas del equipo que no estén en línea del comportamiento ideal. Se puede ser hincha de Millos y ser crítico de la actitud de los jugadores, sin dejar de disfrutar del merecido título.

Dice la RAE que alguien sensato es «prudente, cuerdo, de buen juicio». Es decir, la sensatez puede ser una cualidad o virtud que puede ser tomada como una luz que guíe a todos los actores del fútbol, a pensar más y de esa forma, actuar de forma pensante, en consciencia. El fútbol tiene que desmarcarse de ese imaginario común y absurdo que hay socialmente de que es un deporte de bárbaros y para bárbaros. Somos las mismas personas que estamos involucradas en el fútbol, todas, las que tenemos que hacer lo nuestro. Y en Colombia, ojalá empezar a superar esa otra ridiculez del regionalismo. Bien hizo Millonarios en querer sanar de alguna forma su pasado en manos del narcotráfico, bastante ejemplar. Parte del proceso, está en entender que el regionalismo se acentuó en ese lamentable momento en el que el narcotráfico incursionó con fuerza en nuestro fútbol. Los grandes capos nos utilizaron y nos quedó esa división ridícula mucho más acentuada, que la que puede ser natural en las regiones de todos los países del mundo. Ya hoy estando casi saneado el fútbol colombiano, se puede empezar a dar el paso de dejar de llevar todo a las regiones, dejar de vernos como mejores que los otros y ver también a los demás como inferiores.

La sensatez también puede ayudarnos a eso, es una buena ruta de camino, intentémosla, sobretodo, si no queremos más bochornos como el de anoche,

 

Juan Camilo Caycedo

Profesional en Ciencias del Deporte

U.D.C.A.

Facebook: http://www.facebook.com/meazza1990

Twitter: @meazza1990_

SILENCIO, NO MOLESTAR.

Pasó algo aparentemente inesperado, inexplicable y sobretodo, muy doloroso: de estar ya casi a punto de empezar a hacer reservas de hoteles, vuelos y lugar de concentración en Rusia, Don Ramón Jesurum pasó a pensar la logística del que a partir del segundo gol de Paraguay y que sentenció a la Selección Colombia, será el partido más importante en su historia reciente. Después del partido vs. Brasil en cuartos de final en el mundial del 2014, este que se viene vs Perú en Lima el próximo martes 10 de octubre en el Estadio Nacional de Lima, va a serlo y de qué manera.

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Radamel Falcao García, El Tigre que volvió a la Selección, ese lugar de donde nunca debió irse (foto tomada de http://www.elespectador.com)

Que Pékerman se equivocó en la alineación inicial, que por qué aguantó tanto a Cuadrado, que por qué no metió a Teo y a Chará desde antes, que por qué Arias no se la pasó a Falcao, que por qué James no es sino un recuerdo del James de la eliminatoria pasada, que por qué aún con la efectividad de otro planeta en el área que tiene Falcao no nos alcanza, que por qué todo. Todos, siempre, no sólo hoy, somos unos expertos en táctica, estrategia, psicólogos y hasta mejores que los mismos jugadores técnicamente hablando («Le hubiera pegado así…»).

Todo eso con o sin razón, es apenas normal que se cuestione en medio de una frustración tan brava como la que nos llevamos los seguidores del fútbol en Colombia. Es normal y también es importante entenderlo y aceptarlo. Duele y harto. Pero ya está, dejemos la pendejada. Este es un momento importante y en el que el equipo, que está formado por humanos que viven de ser jugadores profesionales, entrenadores, preparadores físicos, médicos, kinesiólogos, psicólogos, etc, todos esos, deben estar muy golpeados. Si usted-como yo- está dolido/enojado/frustrado, haga cuentas o al menos inténtelo, de como se pueden estar sintiendo esos miembros de la Selección Colombia en este momento. Nosotros nos dormimos hoy y mañana nos levantamos con otros problemas, los nuestros rutinarios (o incluso nuevos), pero ese grupo, que tiene la responsabilidad encima del estado de ánimo de gran parte del país – porque es así, así somos de ridículos en este país-, está pasándola mal mientras están concentrados en un hotel de Barranquilla y lo peor: No tienen tiempo de quedarse en una actitud «emo». El martes tienen que pararse a las 6:30 p.m. frente a otro gran grupo, uno que tiene una gran ilusión y que no la han tenido en las últimas tres décadas: La gran Selección de Perú. Ese equipo tiene un grupo de trabajo que lo lidera uno de los personajes más admirables dentro del mundo del fútbol sudamericano, el gran Ricardo «Tigre» Gareca. Ese equipo demostró hoy que Gareca, al margen de si van a Rusia 2018 o no, no se robó la plata. La trabajó y muy bien, y eso se hace evidente, en la mentalidad que tiene ese grupo. No se dejaron intimidar por ese «thriller futbolístico» que tan bien saben montar los argentinos cuando lo necesitan, de la mano de su hinchada, medios y todo lo que sume a atacar la «psique» de sus rivales (incluyendo visitas innecesarias del Presidente de la FIFA). Ante todo eso, ese grupo de Gareca jugó como un equipo grande y mostró que pasó la materia que desde hace años no pasaban: la de ser mentalmente fuertes. Así, envalentonados y con ese pecho lleno de orgullo, van a llegar a jugarse la opción de ir a Rusia 2018 vs. Colombia. Un PARTIDAZO. Me emociono de solo imaginarlo, me pongo sensible porque va a ser un regalo del fútbol ese partido. Gracias Dios o Big Bang, a lo que quieran se lo pueden agradecer, porque es un regalo.

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Ricardo «El Tigre» Gareca: El otro tigre, goleador y que también es pilar fundamental en su selección (foto tomada de http://www.depor.com)

En medio de ese escenario está nuestro equipo, ante esas fieras tiene que ir Colombia a jugar su partido más importante en años y es donde creo que es justo, que no sólo les pidamos algo extraordinario sino que también demos un poquito: Los que tienen que hacer la hazaña no son sólo ellos, también los medios (algo difícil) y los hinchas. No sirve de nada ser puntuales y ser enfáticos en los errores, no hoy, ni mañana. Ya fue, ya pasó. En este momento y como cuando los padres lo hacen con su hijo descarriado que se mete en problemas en momentos importantes, hay que estar al lado y apoyar, al margen del resultado. El martes a las 8:30 p.m. cuando haya un resultado en Lima, si quieren los destrozamos con palabras y aún clasificando. Le aventamos la madre a Ospina (algo injusto con quién nos ha salvado por muchos años), a Pékerman (el que nos dio eso que no nos dieron los entrenadores anteriores, muy a pesar de los pocos logros), nos burlamos de Arias y su decisión inexplicable de querer hacer de definidor, cuando tuvo al lado al delantero con mayor efectividad en el fútbol europeo  para poder hacer un gol claro, en fin. Son mil cosas. Pero de aquí al martes, NO JODAMOS. Apoyémoslos en redes, en la opinión con los amigos, en las reuniones sociales, llenemos el espectro de palabras alentadoras, sumemos. Siendo muy hippie: llenemos de energía positiva este caos. Hagámoslo diferente esta vez, intentémoslo. De pronto nos sale bien y no perdemos nada. A ese equipo hay que hacerle sentir cariño y apoyo, todo el posible, porque el totazo de hoy no fue nada suave y pararse de eso, no es ni cinco fácil.

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David Ospina atajándole una a Messi. De las inexplicables (Foto tomada de http://www.eltiempo.com)

Respecto a lo operativo puede haber mil estrategias, Pékerman debe conocer algunas y también tendrá que inventarse otras, es parte de su trabajo. Entre otras, ojalá el cuerpo técnico llame al gran psicólogo del deporte argentino Marcelo Roffe, personaje clave en el trabajo realizado en Brasil 2014. Y que le paguen lo que pida, hay que parar a todo ese grupo anímicamente.

Ya los conceptos tácticos son mínimos, no van a ser muchos los detalles, serán puntuales. Este partido del martes va a ser de mucho trabajo mental, ante cualquier tipo de escenario posible. El talón de Aquiles del fútbol colombiano desde la base sigue siendo nuestra volatilidad mental y hoy quedó confirmado en esos últimos minutos deprimentes vs Paraguay, pero ya fue, insisto. Con coraje y cabeza arriba, hay que alentar y apoyar, PUNTO.

Y usted, ¿se suma a hacerlo esta vez diferente? ¡Hágale!

Y con nuestro mantra más popular y burdo (con la disculpa de algunos)  y con cabeza en alto, cierro:

¡VAMOS COLOMBIA HIJUEPUTA!

 

Juan Camilo Caycedo

Profesional en Ciencias del Deporte – U.D.C.A.

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